Ella no cree en los hombres
Monseñor Emiliani, no creo en nadie. Estoy desilusionada de la humanidad. De niña mi madre me entregó a los seis meses de edad a una tía. Nunca más he sabido de ella, aunque alguien me contó que está en España y allá se casó con un señor muy mayor que al morir la dejó muy bien. Esta tía nunca fue buena conmigo. Quería mucho más a sus hijos. Yo era la empleada de la casa. A duras penas me dio para el estudio y pude terminar hasta noveno grado. En esa casa su esposo me manoseaba frecuentemente desde que tenía dos años. Yo al principio no sabía qué pasaba. Luego, ya a los siete años protesté, grité, lo insulté. Me pegó y me rompió los labios. Ensangrentada fui a decirle a mi tía. Ella no me hizo caso: más bien dijo que merecía la golpiza por faltarle el respeto a su marido. El tipo siguió en eso. A los 9 años le ensarté un cuchillo en un hombro porque ya con sus asquerosas manos estaba lesionando mis partes. Salí corriendo de la casa y fui donde un maestro que vivía cerca. Él amenazó con denunciarlo a la policía. El tipo prometió no tocarme más. Nunca más me tocó, pero tampoco nos hablábamos. En la escuela un maestro con el cuento de explicarme lecciones empezó a tocarme. A la tercera vez, grité y me defendí como pude. Lo golpeé en la cara. Me fui de mi casa a donde mis abuelos paternos. En ese pueblo, otro señor amigo de mi abuelo intentó abusar de mí. No me llegó a violar, pero sí me manoseó mucho. Al día siguiente, tomé un leño y le partí la cabeza. Ahora vivo en la ciudad. Me casé, me divorcié. Quien era mi esposo me traicionó varias veces. Trabajo como enfermera. Igualmente un par de médicos y un paciente han intentado sobrepasarse conmigo. No creo en nadie y menos en los hombres. Todos son unos desgraciados.
Estimada señora, entiendo su situación. Ha vivido desde pequeñita situaciones muy tristes. Sí, hay hombres que son unos desalmados. Ese señor que abusaba de usted desde niña merece cárcel. Igual que los otros. Pero usted ha sabido defenderse. La felicito por eso. Sinceramente ha sido valiente. Mi consejo es el siguiente: analice la situación y comprenda que eran unos enfermos mentalmente. Luego perdone a sus agresores y olvide el asunto. Es como si tuviera una computadora con fotos aterradoras y usted se la pasara viendo esas fotos antes de dormir. ¡Qué pesadillas tendrá! Lo mejor es activar "el borrar" y ya y nunca más permitir que aparezcan en su mente esas escenas. Del pasado solamente acordarse para aprender lecciones. Pero no todos los hombres son iguales. Conozco muchas personas que son íntegras, buenos esposos y padres de familia. Le pido que tenga una visión más positiva de la humanidad. Ciertamente hay en esta cultura nuestra mucha perversión provocada por el machismo, adquirida por la invasión de pornografía e indecencia en música y videos, promovida por consumo de drogas y licor, y una seudo moral donde es bueno todo lo que me conviene. Le pido confié en el Señor, búsquelo siempre y sepa que con Él usted es invencible.
Monseñor