Emergencia agrícola
En tiempos de estabilidad meteorológica, los ríos de Chiriquí descienden de las Tierras Altas con furia que desborda los cauces. Pero en esta ocasión, el mal tiempo del Caribe generó borrascosas descargas pluviales que provocaron grandes cabezas de agua en el río Chiriquí Viejo, causando muertes, destrucción de puentes y carreteras.
El presidente de la República, Juan Carlos Varela, viajó a las Tierras Altas para apreciar in situ la magnitud del desastre, declarando el estado de emergencia en la zona afectada de importancia estratégica en la producción de legumbres. El Ministerio de Obras Públicas trasladará equipo pesado y cuadrillas de obreros para reconstruir los puentes colapsados y reparar las carreteras quebradas por las inundaciones.
Mientras otras autoridades atienden las consecuencias de los daños que han dejado en el desamparo a familias de las zonas, los productores agrícolas de Las Nubes, Guadalupe, Cerro Punta, Bajo Grande, Alto Pineda y de otros lugares de la provincia expresan su preocupación por las repercusiones de las inundaciones en los campos de cultivo de legumbres y en el traslado a los mercados de consumo.
Las Tierras Altas, como es conocido, son el granero de Panamá. En ellas se cultivan cebolla, lechuga, repollo, brócoli, una variada gama de hortalizas que podrían perderse dejando pérdidas millonarias a los productores. Virgilio Saldaña, presidente de la Asociación de Productores de Tierras Altas, manifiesta que la mayor preocupación es poder sacar la producción de hortalizas, pues, de lo contrario, las pérdidas económicas seguirán aumentando.
Incumbe al Ministerio de Desarrollo Agropecuario y a los entes estatales de crédito agropecuario asistir a los productores golpeados, teniendo en consideración la incidencia de los productos en el abastecimiento nacional. Por coincidencia desafortunada, la destrucción de las áreas de cultivos se presenta en circunstancias que el control de precios los involucra negativamente, como lo han hecho saber a las autoridades, reiteradamente. La suma de controles de precios a los desastres agrícolas pueden generar efectos críticos tanto a la producción de hortalizas como al abastecimiento del mercado nacional.
Debería evaluarse si la declaratoria de emergencia, constreñida a carreteras y puentes, se extiende, también, a la producción agrícola. Es una decisión que hay que adoptar mediante una evaluación objetiva y exacta de los daños inflingidos a la producción agrícola. Si el sector agropecuario está demandando, tiempo atrás, un apoyo integral para elevar la producción es evidente que la ayuda en estos momentos de crisis debe ser atendida sin pérdida de tiempo, a través de consultas directas con carácter de urgencia.
El Gobierno debe estar preparado para afrontar las calamidades originadas por las disfunciones meteorológicas en uno y otro sentido; vale decir si son producto de la falta de agua de regadío, que lleva a los agricultores a soportar la sequía, o son consecuencia de los excesos devastadores de las inundaciones. El fenómeno de El Niño acecha el continente con perturbaciones polarizadas en la agricultura.
La baja del caudal de los ríos que alimentan las centrales hidroeléctricas tiene en emergencia la producción de energía, sometida al ahorro en el consumo que no atienden debidamente ni el sector privado ni el sector estatal.