Emigrantes
El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra emigrante como el “que se traslada de su propio país a otro, generalmente con el fin de trabajar en él de manera estable o temporal”. En pocas palabras, emigrante expresa la dramática situación de millones de seres humanos de África, América Latina, Medio Oriente, que encarnan el problema número uno del mundo contemporáneo. Sin embargo, los emigrantes tropiezan con enormes dificultades para trasladarse y establecerse en los países que puedan ofrecerle un lugar decoroso para subsistir en medio de penalidades en las que arriesgan la vida.
La corriente migratoria a Estados Unidos, por ejemplo, se caracteriza en los últimos tiempos por el asombroso número de 50,000 adolescentes y niños que salieron de México y países centroamericanos vecinos para cruzar la frontera ilegalmente, desafiando a la policía fronteriza, temibles desiertos, y a los engaños de los transportistas llamados coyotes por sus malas mañas.
Se ha abierto una luz de esperanza tanto para los furtivos viajeros como para los que ya residen en Estados Unidos, pero sin documentos legales. El presidente Barack Obama se propone legalizar alrededor de cinco millones de mexicanos, hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, en un gesto audaz que desata la férrea oposición de los congresistas republicanos.
Obama va a tensar más sus difíciles relaciones con los legisladores republicanos que derrotaron en forma contundente a los demócratas mediante un acuerdo ejecutivo de naturaleza humanitaria, que persigue evitar las deportaciones de padres cuyos hijos nacieron en Estados Unidos y que podrían quedar al garete y de otros emigrantes que laboran desde hace varios años, contribuyen al desarrollo económico, pero son ilegales.
El nuevo plan tiene una variante importante. Para cerrarle la puerta a la salida forzosa por falta de oportunidades y la contaminación de los sicarios, los Gobiernos de Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, estructuran un programa de inversiones destinado al fomento del empleo y atacar las raíces del problema migratorio, creando condiciones para arraigar en sus patrias a los emigrantes juveniles. Los líderes centroamericanos creen que podría resolver otras cosas críticas, además de la fuga migratoria.
En el Mediterráneo, los emigrantes africanos libran el doble desafío de arribar a las costas españolas navegando en frágiles embarcaciones y luego trepar las alambradas levantadas en Melillia para frenar los persistentes impulsos ilegales. Muchos han quedado en el fondo del mar. Huyen de la pobreza y del ébola para alcanzar la tierra prometida.
El asunto es complejo porque hay más de cuatro millones de españoles desocupados. La península italiana, por otro lado, enfrenta también los embates de rumanos y búlgaros en la busca de mejores condiciones. En el Medio Oriente, sirios, egipcios, palestinos, abandonan sus tierras, evadiendo los conflictos bélicos incrementados por los verdugos del Estado Islámico.
En grado menor, Panamá es el centro de emigrantes extranjeros que llegan desde Colombia atraídos por el dólar, y los cubanos, africanos, que entran por las trochas de la frontera darienita. El crisol de razas legalizó a los foráneos que llegaron para quedarse. Otros vienen de paso rumbo al norte. Forman parte de una caravana doliente que lacera la humanidad.