Empatía y la vida eterna
Siempre me he preguntado por qué el ciudadano (a) promedio muestra indiferencia ante las desgracias de los demás, es más, se ríen cuando les sucede a otras personas. Noto a veces que si una persona cae en una enfermedad, incurable o no, las personas murmuran "que le habrá pasado?... de esta no se escapa".
Por otro lado, cuando un prójimo, sea de cualquier edad, se tropieza o trastabilla, ya sea en la calle o en otro lugar, el ciudadano promedio se ríe o lo celebra. Una experiencia personal: un día venía caminando aceleradamente,porque se me iba el bus; una pareja de estudiantes estaba conversando en la acera y la niña me metió el pie para que cayera, sin importarle las consecuencias que me acarrearía semejante acción. ¿Habremos perdido la empatía, en su esencia orgánica? Permítame definirle lo que es ser empático: “... es la capacidad de sentir y comprender las emociones ajenas como propias mediante un proceso de identificación con el otro" (Océano), o sea caridad.
La falta de empatía nos lleva a los detenidos en las cárceles por años, sin el juicio correspondiente en espera de justicia. Complementando estos criterios, tenemos orfanatos. ¿Está contribuyendo a la felicidad de estos niños, ya sea material o espiritualmente, para su desarrollo integral?
Los lastres sociales no terminan aquí si pensamos en los hogares de ancianos, en discapacitados, los que sufren de depresión al borde del suicidio, los indigentes, etc. La salvación y la vida eterna no son un estado del hombre sino del espíritu. Es la Gracia de Dios regalada a los justos que por ser justos, cumplen con ser misericordiosos. ¿Está Ud. interesado en obtener la gracia de Dios para la vida eterna? Sea justo, misericordioso y aumente su fe.
Gilberto Innes
opinion@epasa.com
Jubilado.