Emprendedores sociales en acción
Se atribuye a Albert Einstein haber señalado que “creer que haciendo más de lo mismo, van a cambiar las cosas, es el principio de la locura”. Hay quienes acordes con ello, no aceptan las intolerables cifras mundiales, sobre la pobreza, y las privaciones, y han buscado soluciones inmediatas renovadoras. Se los llama los “emprendedores sociales”. Se lanzan a construir ya proyectos que den soluciones a los 2400 millones que carecen de electricidad en el planeta, a los 1200 millones sin agua potable, a los 800 millones con hambre diaria. Entienden que las soluciones estructurales pasan por cambios en las políticas públicas, hacia modelos totalmente inclusivos, pero consideran absolutamente injusto que cada uno no actúe de inmediato para aportar soluciones. Resume bien su credo Eugene Cos que creó una organización que pide a todos donar un día anual de su sueldo para causas humanitarias. Afirma “No se necesita ser un millonario o una estrella de rock para hacer una diferencia”.
En esa línea, un grupo de jóvenes profesionales chilenos concibió un proyecto “Un techo para Chile” que hoy se extiende en toda la región, un Continente donde 118 millones de personas viven en tugurios hacinados, y en muchos casos sin instalaciones sanitarias. En la misma dirección, Fe y Alegría, hoy en diversos países abrió oportunidades educativas inéditas, que se iniciaron con cursos por radio para completar escuela primaria y secundaria, para las más humildes trabajadoras de América Latina, que trabajan en el servicio doméstico, y representan del 10 al 18%, según el país, de todas las mujeres que trabajan. Emprendedores sociales crearon la tan meritoria y reconocida FUNDANA en Venezuela para los niños más desamparados, Faça Parte en Brasil que promueve el voluntariado en las escuelas distinguiendo a aquellas que lo convierten en parte de su tarea, y la Fundación Claritas en Argentina que ha apoyado a encontrar inserción laboral a miles, y termina de organizar una gran reunión regional virtual de emprendedores.
La lista crece a diario. Significa el capital social de la sociedad movilizado. Combinado con políticas públicas bien gerenciadas y a favor de la gente, y responsabilidad social de la empresa privada, ha producido alianzas virtuosas de gran efectividad.
Reconociendo y jerarquizando el potencial del emprendedurismo social el Presidente Obama creó en USA el Fondo de Innovación Social. Se propone detectar innovaciones sociales que han tenido éxito en una escala limitada, y ayudarlas desde el Estado. Proyecta invertir en “lo que da resultados”. Recientemente el Fondo hizo su primera selección, escogiendo 11 organizaciones emprendedoras que llevan a cabo proyectos muy promisorios. Su aporte de 50 millones de dólares, fue acompañado de 76 millones aportados por Fundaciones. Las iniciativas seleccionadas operan en salud pública, creación de trabajos, y apoyo a jóvenes. La primera “Trabajos para el futuro” proyecta entrenar a 23,000 personas de bajos ingresos, y trabajar con 1,000 empleadores, para generar oportunidades económicas inclusivas para ellos. La segunda “iniciativas locales” asesorará en cómo mejorar sus decisiones financieras a personas de recursos limitados.
En una América Latina, con tantas posibilidades, pero donde un tercio de la población es pobre, y uno de cada cinco jóvenes sufre de exclusión severa, hallándose fuera del sistema educativo, y del mercado de trabajo, la contribución de los emprendedores sociales debe ser respetada, apoyada y estimulada por todos los sectores.
Son quienes a diario, silenciosamente, están haciendo honor a la máxima del Talmud, interpretación milenaria del texto bíblico: “Aquel que ayuda a salvar una sola vida, es como si salvara el mundo entero”.
*Autor con el Nobel Amartya Sen de la difundida obra “Primero la Gente”, actualmente en publicación en China.
