En Bolivia
Evo Morales ha reinado dos períodos en Bolivia, pero los últimos desórdenes ocurridos en La Paz, parecen anunciar el fin de la tranquilidad con que ha transcurrido su mandato. Quema de figuras tan representativas para la izquierda como la del Che Guevara, o de banderas de aliados tan importantes como la de Venezuela, podrían estar anunciando una perspectiva de rechazos cada vez más consecutivos a la política del primer indígena que ha dirigido la otrora gloria minera del Potosí. Ningún analista serio podría aseverar que sólo el aumento de la gasolina ha sido la causa de los desórdenes registrados recientemente en Bolivia. En el fondo se divisa una sociedad cansada de una política doctrinal y sectaria, que en vez de elevar los niveles de competitividad del país, lo enganchan a la cruzada chavista del socialismo que reparte pobreza en lugar de bienestar. No pocos coinciden en asegurar que es la condición indígena de Morales lo que le sigue brindando un apoyo importante a su gestión, pero igualmente afirman que no es una divisa que se pueda eternizar, sobre todo si en lugar de mejorar los índices sociales, persiste en mantener a la población sumida en un odio de clases que puede distraer tensiones, pero que no puede ocultar por siempre los déficit por los que transita ese Estado. Desde que Morales es presidente existe un descenso importante en las relaciones con Estados Unidos. Mal podría atribuirse la actual situación a una conspiración externa, o a viejas estratagemas del Tío Sam.
