En defensa de la historia
A menudo y con propiedad se invoca la historia para caracterizar algún suceso. Para algunos es cuento, es la narración de algo, de un conflicto, de una movilización, de cualquier asunto nacional e internacional, aún cuando sean intrascendentes. Es más de antemano le dan el carácter de histórico, sin precisar si lo tienen.
Por ejemplo hablar, sin que el suceso se haya dado de: histórica marcha, concentración o evento, es una impropiedad, como la realizadas por un comentarista radial que manifestaba en Colón, que: “estaba escribiendo el borrador de la historia”, sin expresar claramente el sentido de lo que afirmaba, y peor aún, sin explicar en qué consistía ese ejercicio.
Asimismo, otro comentarista frente a las consideraciones que se hacían sobre el abandonado edificio que sirvió en un momento a la iglesia ortodoxa griega, manifestó peyorativamente: que no tenía claridad , “sobre su carácter histórico”, porque a su entender : “ a todo se le consideraba histórico”.
Por otro lado, observamos, en programas televisivos, que muchos conductores se refieren al entrevistar a algún denunciante presente a que “cuenten la historia”, para referirse al tema que trata los que manifiestan alguna situación que los afectan. Así el uso bastardeado del concepto historia, pareciera apropiarse de muchos, que sin la precisión del caso, lo usan sin las fidelidades debidas, pensando tal vez que le imprimen un carácter de importancia al suceso.
Recientemente el viernes 16 de julio del año en curso apareció en Panamá América un artículo de la autoría de Roberto Díaz Herrera con el título: “La historia se vuelve manca o tuerta”. Tal expresión debe conllevar a la reflexión pues pareciera traer al debate el asunto respecto a que si la historia, tiene una finalidad juzgadora y moralizadora, por lo que importante sería indagar: ¿Su propósito ulterior es la ser juez? o ¿ es su fin dar lecciones morales?
En el caso del artículo aludido, es el mismo autor quien narra y además pondera los acontecimientos, tratando quizás de apurar una posición que moralmente lo exima e igualmente lo absuelva. Por eso dice al inicio que: “La historia se vuelve manca o tuerta sino se explica bien ante tantas caras y mentes demasiados jóvenes”.
La explicación que forma parte del análisis es parte de un proceso que puede tener como fuente al o los actores de un acontecimiento, cuyas formulaciones no necesariamente constituyen la explicación absoluta del fenómeno. Dice al final de su escrito que: “ La historia es un montón de cosas, hay que juntarlas, y narrarlas antes del olvido”.
La historia como ciencia dejó de ser una simple narración. Cuenta con un instrumental teórico-metodológico para el análisis y comprensión de los fenómenos históricos. Los hechos históricos tienen sus caracterizaciones, no son un montón de cosas. Ni tuerta, ni manca, ni coja, ni inválida. Ella es objetiva, tratando siempre de transmitir el pasado al presente con toda su autenticidad para las valoraciones correctas, no subjetivas. El uso adecuado de hipótesis, teorías y métodos, permitirá conocer que: “No todo hecho es histórico, pero que todo lo histórico es un hecho”.
