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En defensa de Rogelio Fábrega Zarak


La vorágine desatada por Wikileaks, en todo el mundo y ahora en Panamá, es tan grande que empequeñece la mítica Caja de Pandora.

Ahora se ha publicado un Wikicable en el cual una legación extranjera expresa que “basándose en varias fuentes” (no identificadas) ocho magistrados de la Corte Suprema de Justicia supuestamente recibieron sobornos en el año 2004 para emitir una decisión en el caso “Otterloo”, incluyendo entre ellos al Magistrado Rogelio Fábrega Zarak, fallecido ese mismo año, mientras laboraba en su despacho.

El contenido de ese cable es indudablemente una cuestión de interés público y por ello los medios tienen el derecho constitucionalmente tutelado de divulgarlos, cualesquiera sean los efectos que su publicación pueda causar. Pero los muertos no pueden defenderse. Yo no conozco el caso “Otterloo” y por tanto no puedo referirme a ese tema. Pero sí conocí a Rogelio Fábrega Zarak y por tanto tengo plena autoridad para hablar de él.

Fábrega fue uno de los mejores juristas de nuestro país. Fue el autor de varias leyes importantes. Su dominio del Derecho era admirable; su biblioteca jurídica inmensa. Pero, a la par de su talento jurídico, destacaba por su contundente honradez. En ambos aspectos, tiene en el foro panameño una reputación tan sólida como las esclusas del Canal.

Por eso, para todos los abogados panameños resulta fantástico que se le quiera atribuir, aunque sea indirectamente, participación en una situación apartada de la legalidad.

Al resto de los panameños, que tal vez no saben quién fue Rogelio Fábrega Zarak, quisiera señalar la mejor prueba de su carácter: Desde el Derecho Romano, se aplica la regla probatoria “res ipsa loquitur”, que significa “la cosa habla por sí misma”.

Rogelio Fábrega Zarak falleció cuando había cumplido ocho años como Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. En las dos décadas anteriores, fue llamado por varias administraciones para ocupar altos cargos públicos, entre ellos, Ministro de Hacienda y Tesoro y Ministro de la Presidencia. Sin embargo, Rogelio Fábrega Zarak murió pobre. A su deceso, no dejó más bienes materiales que una modesta vivienda y una importante biblioteca jurídica, que su viuda y sus dos hijas se vieron precisadas a vender. Su legado fue un nombre intachable y los aportes que como jurista hizo al desarrollo de nuestra sociedad.

Los diplomáticos extranjeros tienen el derecho de ofrecer opiniones a sus superiores. Los medios de comunicación tienen el derecho de publicar los Wikicables. Y yo tengo el derecho de recordar quién fue Rogelio Fábrega Zarak.