default

En defensa del respeto y de las libertades fundamentales


Durante toda mi vida he sido bendecido al pertenecer a una familia honesta de emprendedores. Los viejos Carles llegaron a Penonomé a mediados del siglo antepasado y fundaron empresas dedicadas al comercio, y desde entonces hemos promovido el engrandecimiento y el desarrollo económico de Panamá. Además, mi padre como ingeniero y comerciante siempre procuró el crecimiento de la actividad industrial y agrícola del país, y mi madre como maestra de danzas nunca le faltó el deseo de sembrar la buena fe y el respeto en cada una de sus actividades. Por eso ahora, como empresario, defiendo los principios de la libertad económica y de la libre empresa, y encuentro totalmente inaceptable el discurso del presidente Ricardo Martinelli del pasado lunes 2 de enero, con motivo de la apertura de sesiones legislativas y de rendición de cuenta de la primera mitad de su administración.

Distraer la atención con logros que no son todos de su cosecha, irrespetar a los empresarios con calificativos denigrantes, crear un ambiente de zozobra innecesario y sembrar la semilla para una lucha de clase resulta una mezcla incendiaria peligrosa para nuestra débil democracia.

Como ciudadano y empresario me siento avergonzado por las lamentables declaraciones del mandatario, y como miembro directivo de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, al igual que muchos empresarios honestos del país, le pedimos más respeto.

Panamá es un país que experimenta una bonanza económica extraordinaria. Aquí conviven nacionales y extranjeros, muchos de estos últimos que huyeron de sus lugares de origen por situaciones de tiranía y dictaduras. Todos queremos lo mejor para nuestro país, y en especial que los gobernantes respeten las libertades fundamentales y respeten las diferencias de opinión. La obligación del Presidente Martinelli el pasado lunes fue de rendir cuentas, no de irrespetar a los empresarios. Referirse a nosotros como evasores y ladrones es un irrespeto que pone de relieve otros oscuros intereses.

Igualmente, señalar a distintos sectores importantes de la economía nacional con la ligereza como lo hizo, es una falta muy grave que denota falta de sintonía con la realidad. Nuestro centro bancario, por ejemplo, es la envidia de los países desarrollados; nuestra aerolínea es timbre de orgullo de la región y es considerada una de las más rentables del mundo; y nuestra Zona Libre de Colón es la segunda más grande del continente. Y todos invierten millones de dólares y generan miles de empleos que contribuyen para que el país tenga una de las economías más boyantes del mundo.

No sabemos quiénes escribieron el último discurso del Presidente Martinelli pero de igual forma le hacemos un llamado de atención para que escuchen las voces amigas y entiendan que lo allí leído se traduce, más que una advertencia de índole fiscal, en una afirmación política para afincarse en el poder. Desde un contexto básico constitucional y elemental de civismo, el Presidente Martinelli debe olvidarse de las diatribas de campaña y comprender que ahora es presidente de todos los panameños, y que sus discursos deben procurar el engrandecimiento del país en condiciones pacíficas, con cordura, diálogos, prudencia, consensos y respeto. Un presidente nunca debe olvidar que su liderazgo y el poder que ostenta por la silla que ocupa y la banda que cuelga lo obliga a ser más estadista y menos impulsivo.

Teníamos muchos años que Panamá no vivía momentos tan difíciles como los actuales. El tema del discurso presidencial es muy delicado y puede producir una situación peligrosa para los verdaderos intereses el país. Sólo el tiempo y las circunstancias serán capaces de medir as consecuencias de tan nefasto acto de oratoria. Es momento para recapacitar y enrumbar el país por el sendero que todos esperamos.

Desde el sector empresarial le recuerdo una vez más que la defensa de las libertades es nuestra base fundamental y que lucharemos por ella hasta el final.

Empresario.