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¡En el Día del Maestro!


Precisa recordar hoy, Día del Maestro Panameño, el mensaje del Profesor Federico A. Velásquez, ex ministro de Educación. Hace aproximadamente 50 años, nos decía: "Si los educadores logramos presentar un frente unido, capaz de señalar rumbos en la vida nacional notaremos de inmediato la necesidad alarmante que existe de definir posiciones, de establecer ideales, de seleccionar valores. Sin definiciones del tipo de hombre que deseamos formar por medio de la educación, la actividad educativa andará al garete, sin rumbo. Es preciso saber si estamos educando a un joven para que viva en una sociedad semifeudal como la típica de América, o si estamos educando para una sociedad que evoluciona con gran rapidez y que requiere de una educación que contribuya a capacitarlo para que viva en una sociedad de cambios y progreso".

Medio siglo después del llamado del Profesor Velásquez (y de los infructuosos intentos que se han hecho para modernizar la educación en Panamá), la situación escolar ha desmejorado significativamente, empeorando en muchos aspectos. La unidad magisterial hoy parece ser una quimera, una ilusión; ¡y la actividad educativa parece andar al garete, sin rumbo! Lamentablemente, aún no hemos definido, a nivel de Estado, ¿qué tipo de hombre deseamos formar por medio de la educación frente al reto del siglo XXI?

La reforma integral del sistema educativo es tarea prioritaria. La renovación de los métodos de enseñanza debe orientarse a conseguir que los cambios decisivos de la vida espiritual, política y económica sean más relevantes para la niñez, la juventud y el adulto. Pero el indiscutido objetivo del reformador consiste también en la elevación del nivel educacional, y en ofrecer a cada uno la oportunidad de desarrollar sus inclinaciones y aptitudes, así como también prepararlo para una vocación y un compromiso que redunde en beneficio de la sociedad.

Más que nunca en el pasado, la Escuela panameña tiene ahora la función de patrocinar el desarrollo espiritual, intelectual y formar el carácter de la población, especialmente juvenil. Pero los establecimientos educacionales solo pueden satisfacer estas expectativas si fundan su planificación específica de modo que les sea posible hacer justicia en esas metas, y siempre que se les concedan los medios adecuados y suficientes.

Panamá sigue a la espera de un verdadero “Magisterio Unido”, que se torne en fuerza de progreso, para que logre dejar oír su voz con autoridad en la vida nacional como corresponde. Pero tiene que poseer la firmeza que dan los ideales cuando se piensa en función de Patria, así como nos enseñaron Octavio Méndez Pereira, José Daniel Crespo y Federico A. Velásquez, fuese en el aula secundaria, en la cátedra universitaria, en la tribuna pública, o en la rectoría del Ministerio de Educación. ¡Nuestro homenaje al Maestro panameño en su glorioso Día!