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En espera de la necesaria resurrección del PRD

Por: Redacción 28/05/2015

Guillermo Antonio Ruiz /Ingeniero y comunicador social /(opinion@epasa.com)

El Partido Revolucionario Democrático vive sus horas más bajas desde su fundación. No es un secreto que por primera vez, las diferentes facciones internas no han logrado mantener su acuerdo de convivencia, en el que transversalmente actúan grupos de izquierda, centro y derecha. Empresarios y trabajadores. Profesionales, jóvenes y mujeres. Todo estalló en mil pedazos y ahora la mayoría solo espera el final de toda esta tragedia.

Planteo particularmente este tema debido a que, en teoría, el PRD debería ser el partido que lidere la oposición política al gobierno del presidente Juan Carlos Varela, a pesar de su acuerdo legislativo, que más que beneficios lo único que han logrado con esto es constantes peleas y desacuerdos entre los integrantes de su bancada legislativa.

Sin rumbo conocido, y muy a pesar de la débil credibilidad política del partido Cambio Democrático y su dirigencia política, el PRD pierde la oportunidad histórica de, desde ahora, apuntalar un líder opositor, reestructurar sus bases y seccionales.

La actual dirección, cuyo presidente Benicio Robinson le ha retirado la confianza a su secretario general, Carlos Pérez Herrera, entre sus múltiples funciones y cargos no ha logrado establecer algún tipo de contra ofensiva ante el embate político que internamente le presenta su máximo dirigente. Si eso pasa con él, qué se puede esperar para el resto de los cargos y militantes.

Me preocupa el PRD. Es el partido que debe garantizar la estabilidad desde su función opositora. Y estamos a años luz de distancia de semejante premisa. Es increíble que a estas alturas, sus líderes históricos contemplen desde la distancia cómo todo sucede y no media acción de rescate.

Los gobiernos, al no tener contrapeso en una oposición fuerte y cohesionada, tienden a perder la brújula y termina, para lamento de todos, siendo o un fiasco, o en el mejor de los casos un gobierno que diseña políticas públicas de espaldas a los mejores intereses de su pueblo.

La importancia de un renacer del PRD es fundamental para la maduración de nuestra actual democracia. Es más, ante un escenario de debilidad institucional tan marcado como el actual por culpa de la administración gubernamental pasada en su conjunto, es poco responsable el escenario que actualmente vive esa organización política que en algún momento pregonó, a cuatro vientos, un ideario torrijista basado en la consulta permanente.

Los partidos políticos, luego de que alcanzan un escenario nacional y pasan por diferentes administraciones gubernamentales, tienden a crear una base de dirigentes importantes. De más está decir que el PRD tiene personas capacitadas en sus filas para ocupar los casi 600 puestos con mando y jurisdicción en una administración sin necesidad de recurrir a independientes o a miembros de otros partidos. Cuando lo ha hecho, es como consecuencia de una alianza electoral o por desconfianza del propio presidente para con sus copartidarios. Esto genera altos niveles de expectativas y hasta dependencias a los puestos públicos.

Para mayo de 2019, el PRD habrá transitado un desierto inédito de 10 años fuera del poder. Toda una generación de jóvenes no van a tener idea de cómo ha gobernado ese partido, ni sabrán de sus dirigentes históricos. Personas como Ernesto Pérez-Balladares serán los nuevos dinosaurios para esa época.

Si el PRD no inicia una renovación en este momento pensando en las próximas elecciones y más allá, está condenado a convertirse en un partido intrascendente. Quizás nunca se divida. Quizás nunca pierda a su actual membresía. Pero lo más seguro es que de regresar al gobierno en las actuales condiciones, lo hará siendo el compañero de conveniencia de futuras alianzas. Papel para la que no fue diseñada esta organización política.

Si el PRD mantiene el estado de hibernación actual, otras figuras tomarán su lugar tanto de la izquierda como de la derecha. Y con suerte, desde el centro. La posibilidad de candidaturas como la de Rubén Blades podría mover a gran cantidad de militantes hacia esa opción independiente y llevarían, tal como le sucedió a la Democracia Cristiana de 1994, a una condición de irrelevante en el escenario político en nuestro país.

No está sencilla la tarea de rescate desde el propio PRD. Hay que reconocer que cientos de dirigentes de base, valiosos y con experiencia se dejaron seducir por los cantos de sirena y otras ofertas por parte del pasado gobierno. El viaje de retorno es imposible, dadas las circunstancias actuales.

Entonces ante semejante realidad, para este partido lo único que le espera es, o un acto heroico de su dirigencia que lo salve de un futuro jamás pensado por sus fundadores, que verán cual pesadilla cómo su esfuerzo se diluye para siempre, o se pierde para siempre como uno más, dentro de la categoría que hoy comparten el Partido Popular y el Molirena.

 

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