En la defensa de Costa Rica
La posición asumida por Panamá frente a la crisis que Costa Rica ha vivido como consecuencia de la invasión de soldados nicaragüenses a su territorio desde finales de octubre no podía ser otra. Desde el primer momento, nuestro Presidente Ricardo Martinelli instó a Nicaragua a sacar sus militares de tierra costarricense. Lo que hemos hecho como representantes panameños en la OEA ha sido reiterar esa posición de solidaridad y amistad frente a un pueblo hermano que, por carecer de ejército, busca el apoyo de la comunidad internacional, particularmente de sus hermanos continentales agrupados en la Organización de Estados Americanos.
Durante la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores del 7 de diciembre, donde llevaba la representación de mi país, un embajador imploró la bendición de Dios porque, según él, no habían habido muertes ni heridos en el diferendo, a lo que respondí que el corazón de la patria tica había sido herido tras la invasión nica, lo cual es mucho más grave que cualquier otro agravio. Recordé que Panamá lo decía por carne propia por la presencia norteamericana en medio de nuestro país. Que de no parar las actuaciones de estos estados forajidos como la que se estaba presenciando, países como México podrían meterse en Guatemala y ésta en Belice sin que nadie pudiera decir nada.
Recordé que a través de los textos bíblicos lo que hacía Nicaragua no era nuevo. Ya en los mensajes que el Señor le daba a su pueblo a través de Moisés, en la manera que se hablaba en esos tiempos, se había dicho que “Maldito sea el que cambie los límites de la propiedad de su vecino para robarle terreno.' Y todo el pueblo dirá: 'Amén.' (Deuteronomio 27, 17)
Recordé que la posición de Costa Rica desde el primer momento había sido muy clara, un problema de agresión e invasión territorial. Que Costa Rica había cumplido con todas las demandas exigidas por la OEA, incluyendo a ceder a sus aspiraciones para lograr una condena a Nicaragua, accediendo a la búsqueda de soluciones pacíficas propuestas por la OEA y su Secretario General José Miguel Insulza. No así Nicaragua, quien desde el primer momento buscó mecanismos para dilatar cualquier decisión cambiando en cada reunión sus elementos de su defensa; primero que era un problema de límites, el cual Costa Rica desconocía. Luego que era falta de compromiso en la lucha contra el narcotráfico, cuya autenticidad cada vez es más cuestionada sobre todo con los últimos documentos revelados. Aunque siempre Panamá propició el diálogo, había que afirmar que Nicaragua se había burlado de la OEA y de todos los que estábamos allí procurando una salida pacífica para resolver el conflicto.
Seguros estamos que la paz y la tranquilidad saldrán adelante en este conflicto entre dos naciones hermanas, porque la justicia, aunque a veces pareciera lenta, tarda pero llega, sobretodo en un conflicto como éste donde la víctima ha sido totalmente definida y el agresor es confeso y reconocido.
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