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¡En Panamá solo pedimos justicia!


Al formularse la pregunta de orden: ¿Cuáles son los elementos básicos de una sociedad libre? La respuesta oportuna sin vacilaciones es la siguiente: el estado de derecho que solamente puede garantizarse con un poder judicial independiente, elecciones regulares que permitan expulsar del poder a gobiernos impopulares en una forma constitucional y, finalmente, la libertad de empresa para que, entre otras cosas, la oposición pueda garantizarse en cualquier cruzada contra el abuso del poder.

El espíritu de justicia. Dar a cada uno lo que le corresponde. Respetar la propiedad ajena. Defender el propio derecho pero reconocer el derecho de los demás.

La serenidad sin prepotencia ni pasiones es el único método para solucionar los pleitos y los desacuerdos de las personas. Puede parecer difícil discernir en todo momento, frente a cualquier circunstancia, cómo proceder con justicia; pero ya no lo será tanto cuando pensemos que en la razón se encuentra la única fuente del entendimiento.

Entre las muchísimas definiciones de justicia, es célebre la que da Ulpiano, quien la caracteriza “como la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”. Por lo que la justicia resulta ser una virtud necesaria y orientada siempre hacia el bien común.

La razón es la única fuente del entendimiento. Quien emplea la violencia para imponer su capricho actúa así porque no le asiste la razón.

Para que la justicia en Panamá, no pierda su majestad y su omnipotencia, y deje de ser una simple enunciación principista, quienes están encargados de administrarla, concederla y aplicarla, han de obrar con probidad, con honradez, con ecuanimidad y con entereza, permaneciendo inmunes a la venalidad, impermeables a la prebenda, incontaminados de mezquinos prejuicios e imbuidos de una probada rectitud moral que garantice la equidad del juicio, el confinamiento de las pasiones y la repulsa del soborno y el prevaricato. El éxito de los inmorales y arribistas, de los que solo van tras el logro de ventajas personales y para obtenerlas en breve plazo no vacilan en echar por la borda todo escrúpulo, es siempre efímero. Lo que se levanta sobre el dolo y la corrupción, tarde o temprano se derrumba como un castillo de naipes. Los que disfrutan de una riqueza mal habida o alcanzan posiciones con engaño les está reservado un castigo más terrible que la sentencia de un juez, puesto que la vergüenza está en delito y no en la cárcel.

¡En Panamá solo pedimos justicia: tribunales con solvencia moral, con rigidez y con conciencia funcional!

Pedagogo, escritor, diplomático.