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En política, los panameños jugamos a ganador

Por: Redacción 19/09/2013

Guillermo A. Ruiz Q (opinion@epasa.com) / Ingeniero y Analista Político.

El torneo electoral en Panamá comienza a tomar color y forma. Elecciones primarias y encuestas comienzan a hacer calentar los motores de las maquinarias electorales de nuestros partidos políticos, así como el arribo de asesores extranjeros con sus técnicas ya probadas en otras latitudes para ver si, previo pago, vuelven a lograr el milagro de la victoria electoral de su cliente.

Es por esto último que quiero, como en materia electoral ya está inventada la rueda, descubrir algunas situaciones que quizás podamos ver en nuestro patio en los próximos meses.

Felipe Calderón fue ministro de Energía del entonces presidente de México, Vicente Fox. El primero, un militante desde su juventud del Partido Acción Nacional; y el presidente, un recién llegado a las filas partidarias. Luego de una grosera desautorización del presidente hacia su ministro por sus escarceos electorales, este último decide renunciar. Sumido en el ostracismo de estar lejos de la oposición y lejos del gobierno, Calderón inicia la construcción de una maquinaria cuyo piso serían las bases del partido. El día que se inscribe en las primarias marcaba el 2% en las encuestas de esas elecciones. Luego de una sorprendente contienda, Calderón gana la elección primaria e inicia el recorrido hacia la victoria nacional. El único problema es que, ya para entonces, las encuestas más benévolas le daban un 2% del favor del electorado nacional y un muy lejano tercer lugar.

Como escribí al principio, Calderón representaba al partido de gobierno. Luego de las elecciones primarias de dicho partido, Calderón y Fox (que lo detestaba) sostuvieron una reunión “secreta” donde, en líneas generales, pactaron la estrategia del “policía malo, policía bueno”. El rol del presidente Fox sería resaltar todos los errores de los candidatos de oposición y desprestigiarlos. La campaña negativa. El candidato oficial resaltaría los logros presidenciales y se concentraría en las propuestas. El resultado todos lo conocemos.

Hay un caso interesante y es el de la primera elección de Álvaro Uribe y la de Hugo Chávez. Curiosamente, antagónicos pero muy parecidos en estilo (por lo personalistas) y en la forma de ganar sus elecciones.

Tanto Uribe como Chávez iniciaron sus campañas como candidatos fuera del sistema tradicional de partidos. El primero desde la derecha y el segundo desde la izquierda ideológica. En ambos casos marcaban menos del 5% de la preferencia electoral al iniciar sus campañas electorales. Ambos logran la presidencia gracias a la estrategia de desgaste, tanto de los partidos de gobierno como de los opositores. Quiebran el sistema y logran aglutinar grandes sectores independientes e incluso militantes disconformes de los partidos tradicionales.

Hay un tercer caso. La más reciente elección en la República Dominicana, que llevó a la presidencia a Danilo Medina, del Partido de la Liberación Dominicana. El Dr. Leonel Fernández, tres veces presidente de ese país y líder indiscutible de ese partido, al no poder reelegirse, delega todo su caudal electoral en el candidato que resulta electo en la primaria partidaria. Y para que el mensaje quedara claro, la entonces primera dama, Margarita Cedeño, es integrada a la fórmula presidencial como candidata a vicepresidente.

Medina, con mucho menos carisma y liderazgo que el presidente Fernández, inicia su campaña muy por detrás en las encuestas que el principal líder opositor, el expresidente Hipólito Mejía. Peleas internas, un grupo de campaña lleno de inexpertos, consultores extranjeros con ideas ya utilizadas, son parte del coctel de errores cometidos por el equipo de campaña de este último. Ahí comienza a estancarse en los sondeos de opinión.

Al ver esta situación, el equipo de campaña de Medina, en alianza con el gobierno nacional, comienza un programa de fidelización de voto, a través del reconocimiento de las múltiples obras realizadas por el entonces presidente Fernández. Se suceden las inauguraciones de obras y en todos los eventos participa el candidato de gobierno. Para el final de la campaña, el propio Fernández se vuelca en apoyo a su candidato que al final y contra todo pronóstico, termina como presidente de la República Dominicana.

En mi humilde opinión, en Panamá veremos uno de estos tres escenarios. Ninguno es muy agradable para los partidos opositores. Y por eso, les hago a estos un llamado a que revisen bien por qué no logran capitalizar los errores que comete la administración actual que, al también tener aciertos, ha logrado potenciar los mismos y trasladar a su candidato presidencial el capital político de la administración presente. Dejar las cosas para más tarde, en un país cuyos ciudadanos siempre juegan a ganador, es casi como entregar el resultado.

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Jueves 13 de agosto de 2026