¿En qué se parecen Obama y Evita?
“Voy a proponer… la necesaria reducción del déficit con el indispensable estímulo de la economía”, ha dicho Hollande, que exigirá a Merkel el final del “duopolio francoalemán”, cuando asumía con sobriedad republicana como el séptimo presidente de la V República Francesa y el segundo socialista desde la posguerra.
El PIB de la eurozona evitó la recesión, en el p rimer trimestre de 2012, gracias a que Alemania (que concentra el 27% del PIB euro) supuestamente creció 0.5%, según Eurostat, que asegura que Francia está estancada mientras caen Italia (0.8%), España (0.3%), Holanda (0.2%) y Grecia (6.2%) que ya ha perdido más del 20% en cuatro años. Entre tanto, el PIB de EE.UU. crece 0.5%. En los mercados ya se habla del corralito (gran invento argentino) en España, pero “se quedan tranquilos” cuando el mismo Gobierno que dice ser pro mercado y estatiza Bankia descarta esa hipótesis como “un salto al vacío irracional”.
Durante un acto en apoyo a su reelección, en Nueva York, convocado por la organización Futuro Fund y la comunidad gay norteamericana, Obama recomendó: “Aquellos que no hayan visto Evita aún, deberían hacerlo", frente a Ricky Martin que trabaja en el musical sobre la icónica figura argentina en Broadway.
En fin, al mejor estilo estatista, de derechas e izquierdas, la vieja y trillada propuesta de Hollande de bajar el déficit sin detener “el estímulo” (el gasto) implica aumentar la presión tributaria. Así le va a Europa, es que sucede que, más impuestos, implican menos recursos en el sector privado, que es el que produce. Así, mientras que nadie rehúye pagar por un recurso que le sirve para ganar aún más dinero (para producir), en 2011, mil 780 estadounidenses renunciaron a la nacionalidad para evitar tener que presentar información al Servicio Interno de Impuestos (IRS, en inglés), mientras que en 2010 fueron mil 485 personas, duplicando la cifra del año previo.
Cuenta Daniel J. Mitchell, en The Wall Street Journal, que en 2001 en Suiza, el 85% votó a favor de una ley “freno a la deuda”, que exige que el gasto del Estado central no crezca más rápido que los ingresos. Antes de que entrara en vigor, el gasto público se expandía un 4.3% anual y ahora 2.6% anual.
Aunque el sistema no es lo ideal, lo cierto es que el gasto anual del Estado central hoy no llega al 20% del PIB, y el gasto total en todos los niveles del Estado es del 34% del PIB, 36% menos que antes del “freno a la deuda”.
Obviamente, los políticos no quieren restricciones a su capacidad de comprar votos con el dinero ajeno, pero las personas están comenzando a tener consciencia de que este negocio "como costumbre" ya no es aceptable, salvo en países políticamente subdesarrollados, discípulos de Evita, como en Argentina y Venezuela, a la que Obama mira con tanta admiración.
