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En serio, muy en serio

Por: Redacción 30/03/2016

Muchas veces estamos tratando de buscar la verdad de las situaciones que se nos dan a diario. En ese trotar o caminar, como se le quiera llamar, muchas veces nos pasan cosas como las mentiras de los amigos o una mala respuesta a una pregunta cuando no sabemos algo. El transporte no llegó a tiempo, por ende, no llegamos a tiempo a laborar; no hubo agua, la electricidad falló, la congestión del tráfico nos hace sudar de más. Infinitas situaciones con las que tenemos que lidiar diariamente.

Igual a diario tenemos que aceptar la cantidad inmensa de mensajes electrónicos, mensajes verbales, mensajes emocionales, noticias, avisos (la mayoría de las veces cobros, de los cuales no queremos saber) y, así sucesivamente, vamos cargando con una cruz más pesada que la que cargó nuestro Señor Jesucristo.

Llegan a nosotros los mensajes subliminales, por obra y gracia, cargados de magia; cadenas, buenos deseos, paisajes y, nuevamente, unido a toda la carga emocional que supone laborar, manejar el estrés de un nuevo día, decimos como un adagio: Por donde me asomo me tiro.

A mi parecer, lo mejor cuando estas cosas nos suceden es serenarnos, disculparnos; no tomar toda esta carga de mensajes en serio. En lo personal no me funcionan. Me ha funcionado, aunque no lo crean, rezar y orar muy en serio. Cuando sé que algo no está bien para mí, elevo una plegaria al cielo y en medio del caos miro al cielo y pido a Dios mucha paz.

Nuestro país está viviendo uno de sus peores momentos tanto económicamente como emocional, política y espiritualmente, y esto supone para las personas (seamos panameños o no) una descarga diaria de adrenalina que en lugar de ayudar al progreso nos está llevando a una agresividad crónica, matizada de progreso, donde todos queremos ser los mejores. Sí, los mejores trabajadores, los mejores amigos, los mejores jefes, los mejores políticos, los mejores funcionarios, empleados y así nos vamos.

Pero mentiras, mentiras, mentiras? eso es lo que estamos realmente creando a nuestro alrededor. Caras mustias, llenas de deseos, envidias, poder, querer tener a costa de quien sea y como sea, lo mejor de lo mejor. Justificamos así el poder, el tener y con ello humillamos a quien confió en mi promesa de campaña, arrancándole su dignidad de país. El pueblo primero... ¿cómo así?

Miremos al cielo y busquemos la confianza en Dios, todavía tenemos tiempo, pidamos ser fuertes, firmes. Pidamos por los que sufren y cada vez tienen menos, pidamos por los indigentes políticos que cada día crecen más, pidamos a Dios que estos dos años y meses que hacen falta para que se termine este nefasto gobierno se pasen rápido, porque el poder económico que nos asfixia encuentre en la justicia de Dios la lección que se merece. Nosotros no podemos tomar la justicia y venganza en nuestras manos, Dios sí.

Miremos al cielo, trabajemos por nuestro país, desde donde nos toca contribuir con mucho o poco a su progreso; sigamos adelante y confiemos, que Dios no duerme. Panamá, mi patria pequeña. Ya sanarás nuevamente.

Mágiste

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