¡En torno al futuro presidente!
El próximo presidente constitucional de Panamá (2019-2024) deberá asumir el compromiso de reflejar no solo una política de gobierno, sino también de temperamento, un ritmo de acción y de trabajo, y una sensibilidad para ver y entender. Esto obedecerá esencialmente al carácter, al coraje y la propia personalidad del futuro mandatario. Es importante trazarle a Panamá un nuevo estilo de acción, porque nuestro país ha venido convirtiendo el tiempo útil en siesta, en paseos e inercia debido, particularmente, al nepotismo, la incapacidad y la corrupción en el actual gobierno. Pareciera haber ablandado la voluntad del empleado público y se ha venido extendiendo una especie de autoindulgencia nacional para no hacer las cosas, para hacerlas a medias o para rodear todas las actividades del Estado de un desgano o indiferencia general. No es un secreto que el Estado panameño --particularmente en este desgobierno— entre sus muchos defectos, padece de una enfermedad endémica: la pobreza o modorra. Los empleados públicos se han formado en la peor escuela de la mala crianza y del maltrato a los ciudadanos.
Por esta razón, corresponderá al próximo presidente de la nación, dar el ejemplo a toda la administración pública. Esto es, tener claro el sentido del deber: preocupación por el bienestar general y capacidad administrativa y de organización: tomar las medidas necesarias, a fin de que se mejore el trato a los ciudadanos, ya que la grosería, la incultura, la prepotencia y la patanería han imperado en casi todas las oficinas gubernamentales, en estos últimos tres años (2014-2017). No se atiende a los ciudadanos o se los atiende mal, se les hace ir y venir muchas veces en un continuo juego irritante e inaceptable.
El ciudadano panameño que resulte elegido presidente de la República en mayo de 2019 tendrá como tarea inicial ordenar una limpieza integral del Palacio de las Garzas, depurándolo debidamente para devolverle el prestigio y el señorío que otrora mereció el ejemplo de ciudadanos probos, políticos certeros, estadistas diligentes y progresistas que, en su momento, supieron honrar la presidencia. Si los funcionarios y demás empleados públicos ven en el futuro presidente de la República, capacidad, dinamismo sin mentalidad turística y burocrática, trabajo y honestidad a toda prueba y, sobre todo, el hombre con elevado sentido social y humano, seguramente que no encontrará excusas para una conducta negligente ni mucho menos corrupta. Es de vital importancia para el próximo mandatario de la nación saber que, de igual modo, la acción de un buen gobierno repercute en todo el conjunto de la sociedad.
El país se activa si el Gobierno está activo. A los panameños se les contagia la actividad, la capacidad de trabajo, la honestidad y la responsabilidad de la misma manera como se les comunica la dejadez, la pereza, el desgano, la grosería, la hipocresía y la corrupción. Este sería, sin duda, uno de los grandes méritos que se acreditaría el próximo presidente de Panamá. Otro formal compromiso que el futuro presidente debería cumplir sería darse a la tarea de seleccionar cuidadosamente a sus más cercanos colaboradores (ministros, asesores, directores de entidades autónomas y semiautónomas, embajadores, cónsules, etcétera), a fin de formar un excelente equipo de hombres y mujeres que sean igualmente capaces, dignos, honestos y creativos. ¡Que la inteligencia y el espíritu de justicia acompañen siempre al presidente del país!
*Pedagogo, escritor, diplomático.