Energía y control
El aumento de la tarifa de energía eléctrica asestó la estocada final al agónico control de precios de la canasta básica. Productores, distribuidores y comercializadores recibirán un incremento sustancial de costos operativos dado que, en promedio, consumen electricidad dentro de la escala que va más allá de los 751 kilovatios. Los minisúper, por ejemplo, trabajan con márgenes de utilidad estrechos, casi al borde de las pérdidas, y no podrán soportar la incidencia de la nueva tarifa. Como el control de los productos de la canasta básica no tiene alternativas, trasladarán al público el alza.
El gobierno de Ricardo Martinelli congeló la tarifa de energía por varios años. Pero ahora el gobierno panameñista se asesta un autogolpe en el plexo al desembolsar una costosa tarifa, llevándose de encuentro la regulación de productos de la canasta básica.
El gobierno panameñista supo que el aumento de la energía eléctrica iba a arrasar el control de precios. Fue un golpe de teatro para encandilar la galería. Un acto de premeditada demagogia, sin estudios técnicos, sin proyecciones financieras, sin consultas con los productores, ni los comercializadores.
El pueblo será el primero en descargar su indignación por el aumento inflacionario de la canasta básica. Es un aguinaldo navideño funesto para las clases populares que deberán ahorrar el décimo, como es recomendable, para principiar a pagar a partir de enero de 2015 los sobrecostos de las facturas.
El panorama energético está ensombrecido por las desbordadas pasiones políticas del régimen. El negativismo de la estrategia gubernamental ha paralizado el proyecto Chan 2 y la producción de gas porque son proyectos del gobierno de Martinelli.
El odio panameñista produce apagones energéticos con el represamiento de la licitación ganada por Odebrecht, empresa a la que le ha suspendido pagos directos y a las empresas subcontratistas. La consigna general es suspender los pagos a todas las empresas de los proyectos impulsados por el gobierno anterior.
Los precios de venta de las estaciones de gasolina y diésel no se reducen en proporción a la baja del crudo en el mercado internacional; investigar las causas llevaría a chocar con empresas ligadas al contralor. La reducción del precio del combustible que usa la aviación comercial no produce la rebaja del costo de los pasajes aéreos de la empresa amiga. Existen excepciones importantes tratándose de amigos y donantes.
La gente exige que alguien del gobierno les explique por qué aumenta el costo de la generación y la distribución de energía hídrica en momentos en que las lluvias incrementan el caudal del agua de los ríos a punto de vaciarse y se desploma el precio del petróleo.
El ministro de Economía, Dulcidio De la Guardia, fue encargado de dorar la píldora de las tarifas, pero resultó vapuleado en la televisión por sus rebuscadas explicaciones para negar el impacto de las tarifas y justificar la rebaja del precio del combustible; en Estados Unidos la gasolina es más barata que en Panamá.
Ahora el gobierno panameñista encara la revisión de los precios regulados que iban a producir un ahorro de $58. Este ahorro es un pésimo chiste que, lejos de concitar carcajadas, alentará repudio.