Enfoques históricos sobre política y políticos
La política ha sido definida, desde la antigüedad, de distintas maneras; no obstante, ahora nos interesa más una definición que sea eminentemente humana. No otra cosa merecen nuestros pueblos. En ese sentido, concebimos la política como algo que lo abarca todo: trabajo, salud, educación, vivienda, economía, equilibrio social, refinamiento espiritual, filosofía, doctrina de amor, proscripción de odios y anhelo infinito de elevar la condición material y moral de nuestros semejantes.
Necesitamos practicar una política que, sin dejar de ser idealista, sea fundamentalmente realista. Una especie de concepción martiana de la política que parte de la existencia de núcleos humanos vigorosamente organizados. Así, para José Martí, “la política ha de tener por aspiración suprema la salud y el robustecimiento del pueblo”. Pero, asimismo se pregunta ¿qué es el pueblo? Y luego responde: “Un pueblo es un conjunto de dolores y esperanzas, de vileza que se ha de sujetar, y de virtud que se le ha de defender, de ignorancia apasionada y de luces e instintos que salvan y dirigen, de hombres a quienes se ha de servir como sirve el médico al enfermo que le muerde la mano”.
Por otra parte, hay que tomar en cuenta que en la composición de un pueblo entran muchas voluntades, puras y pervertidas, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por el error. “Un pueblo, según Martí, está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo que acapara, y de la justicia que se rebela: de la soberbia que sujeta y deprime, y del decoro que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos, de todos está hecho un pueblo, y no de derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos; y el gobierno de un pueblo es el arte de ir encaminando sus realidades, bien sean rebeldías o preocupaciones, por la vía más breve posible, a la condición única de paz, que es aquella en que no hay un solo derecho mermado”.
Queda claro, pues, que la función única de la política es sanear y poner en movimiento las fuerzas útiles que levantan a un pueblo y lo convierten en sostén y honra de la patria.
En cuanto a los políticos, estos deben reunir especiales cualidades que lo distingan como personas de gran sensibilidad social, idealistas, visionarios, apostólicos con rica experiencia en todos los planos del hacer político; deben tener una filosofía viviente, fraguada en la experiencia, en lecturas profusas, en contacto permanente con la gente; demostrar don de mando, autoridad de presencia y dotes de organizador; y, a veces, bulliciosos y movedizos, sagaces y de buen humor.
La misión del buen político -del político que necesitamos- está en despejarle al hombre y la mujer panameños su mejor camino. Y el camino para los panameños y panameñas está en la unión, la comprensión, la tolerancia y el amor que nos debemos los unos a los otros.
Siendo Panamá un país fundamentalmente de gente humilde, generosa y buena, en cuya masa flota débilmente un mínimo de población afortunada y que puede por sí misma procurarse los bienes de la cultura, de la comodidad y la felicidad, toca a los políticos --en función de gobierno o de oposición-- poner toda su conciencia y todo su esfuerzo en el mejoramiento de las clases infortunadas, en el mejor encauzamiento de las clases trabajadoras, en elevar la mentalidad de los atrasados y en procurar un constante bienestar para los cientos de miles de panameños y panameñas necesitados.
Consideramos honestamente que, en función de nuestra misión docente, cumplimos con ofrecer una lección ciudadana más a nuestro pueblo, precisamente, en no menos de siete (7) meses para cumplir la “Gran Cita con la Patria”, el domingo 4 de mayo de 2014. Es decir, cumplir con el compromiso cívico de ejercer libremente el derecho al voto, para escoger al nuevo presidente de la República, a los diputados a la Asamblea Nacional, alcaldes y representantes de corregimiento, como lo establece la Constitución Política Nacional. ¡El pueblo decidirá su destino!