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Enfrentar la realidad

Por: Redacción 28/07/2016

La situación educativa actual es una prueba de la búsqueda del poder por la sola necesidad personal de llenar egos y autogratificarse personalmente. Siempre me ha llamado la atención las motivaciones que mueven a ciertas personas a participar en política. Algunas, evidentemente no sienten ninguna afinidad con el servicio público, les molesta conversar con quienes no tienen su nivel socioeconómico ni intelectual y fingen una cercanía que, cuando están en la comodidad de sus amistades, no logran ocultar.

Este gobierno ha permitido una huelga de maestros y profesores de 72 horas prorrogables, que duró toda una semana, llamando a los mismos con epítetos que no benefician para nada el diálogo. Lo peor de todo es que lo que solicitaban no es un invento de meses atrás. Hablamos de compromisos que ya estaban pactados cuando la actual administración gubernamental ganó las elecciones del 2014. Al final, luego de perder una semana, el Gobierno hace lo que debía desde el primer momento.

Por alguna razón, nuestros políticos creen que uno no se da cuenta de la facilidad con la que se comprometen miles de millones de dólares en tonterías inútiles, proyectos de autocomplacencia o solo para quedar bien con allegados y cercanos.

En este caso, si el propio gobierno informa que el país no lo para nadie, lo lógico es que los sectores que tienen deudas pendientes reclamen su dinero y sus conquistas. No entiendo el problema en honrar los compromisos adquiridos por el Estado.

SÍ, la huelga fue una irresponsabilidad de ambas partes. SÍ, la huelga no deja otro derrotado que los estudiantes de colegios públicos. SÍ, una vez esto pase, la mala calidad de la educación seguirá igual o peor.

La motivación para ser servidor público incluye algo de desprendimiento y preocupación por el otro. Si a horas de un hecho tan importante, los principales personeros del Gobierno salen del país a ver juegos de fútbol o van a sus campos de golf favoritos para relajarse, mandan un mensaje muy diferente a la preocupación que previamente deben tener los llamados a resolver controversias con el Gobierno antes de que las cosas se salgan de control.

Se puede gobernar desde el error y la creencia de que todo está bien y que todos los demás son malos y quieren lo peor para los gobernantes. Pero eso es absurdo y se paga caro en las siguientes elecciones.

La razón por la cual ningún expresidente tiene opción alguna al día de hoy para repetir la experiencia, tiene que ver con la poca capacidad de recibir críticas o llamados de atención durante la gestión gubernamental, y preferir a los complacientes que terminan dibujando una realidad inexistente.

Jamás los ciudadanos votarán por un gobierno que no se preocupe por sus necesidades básicas y su calidad de vida. Por eso, se podrá hacer varios nuevos puentes sobre el Canal de Panamá, varias líneas del metro, actividades de nivel mundial, pero si los panameños tenemos que levantarnos a las 3 y 4 de la mañana para llegar a nuestros trabajos, si tenemos que dormir en el estacionamiento de la empresa o el trabajo, la cinta costera u otro lugar cercano para evitar el demencial tranque de las mañanas, las posibilidades de un buen resultado al final de la gestión gubernamental en el venidero torneo electoral es cero.

Se advierte, pero no se recibe. Se escribe, pero no se lee. Se explica, pero no se entiende. Nos merecemos lo que tenemos.

Ingeniero de Sistemas.  Estratega-Consultor Político.

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Viernes 24 de julio de 2026