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Enigmas y paradojas

Por: Redacción 07/05/2014

Las elecciones panameñas están preñadas de sorpresas, enigmas y paradojas que motivan una revaluación profunda de las encuestas, la contratación de asesores extranjeros, las influencias mediáticas en general. Las empresas de encuestas Ipsos, Dichter & Neira, Datexco y Quantrix no anticiparon que Juan Carlos Varela resultaría elegido presidente de la República, situándolo, invariablemente, entre el segundo y tercer lugar.

Las encuestas argumentan que son una fotografía del momento y que no son predictivas, admitiendo la relatividad de sus sondeos. Los detractores no tienen ambages en sostener que las encuestadoras responden a intereses económicos y políticos. No faltan analistas que aseveran que los encuestados no siempre dicen la verdad de sus adhesiones políticas, sino que las esconden por temor a represalias o porque no desean identificar prematuramente el voto secreto. Queda en claro que solo constituyen meras referencias que no hay que tomar como pruebas de adhesión o rechazo electoral.

Los resultados balanceados de las elecciones nos enfrentan a evidentes paradojas políticas. Varela alcanzó la mayoría de los votos del interior, pero su representación parlamentaria es la más baja. José Domingo Arias no tuvo respaldo mayoritario en las provincias. Sin embargo, Cambio Democrático tiene más legisladores que los otros partidos. ¿Cómo se explica esta contradicción?

La interpretación más plausible apunta a que los votantes buscaron el equilibrio de poderes para impedir el control hegemónico del Ejecutivo sobre el Legislativo, forjando un imperativo para establecer la concertación de gobierno y oposición y garantizar la autonomía de los órganos del Estado. En sentido contrario, otros afirman que los diputados solo trabajaron en su provecho personal, posponiendo o minimizando el respaldo al candidato presidencial.

Empero, si la mitad de los diputados ha logrado la reelección –incluyendo a los tránsfugas– también puede tomarse en cuenta que los electores han preferido el malo conocido que al nuevo por conocer, como dice el refrán. El hecho concreto es que 36 diputados volverán a sus curules, desmereciendo, en algunos casos, al encarnizamiento de la campaña contra los tránsfugas.

La lección electoral del pueblo panameño demuestra que sus votos responden a su capacidad de libre determinación. No se dejó manipular por las inversiones millonarias en cuñas y propaganda. No admitió que las encuestas dirigieran su libre albedrío político. No toleró la intromisión de la llamada Nueva República en la escogencia de sus candidatos. No hizo caso a los canales de televisión que no cesaron en cuestionar las acciones del gobierno saliente.

En los debates políticos, los voceros panameñistas brillaron por su ausencia porque no los invitaron a exponer sus puntos de vista, privilegiando a los propagandistas del partido que antes lograban el tercio de los votos, pero ahora se ve desflecado por la votación más pobre de su historia.

Investigar los motivos profundos de los votantes representa no solo analizar, desde el punto de vista político, las causas de sus decisiones, sino también sumergirnos en los meandros de sus mentes. No hay duda de que, mayoritariamente, tienden al repudio de los tutelajes de cualquier origen que sientan lesionan su derecho al voto secreto. Así es el pueblo panameño, inescrutable a veces, pero siempre defensor intransigente de sus decisiones políticas. Hay que reconocer que no hay sorpresas, sino sorprendidos.

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Viernes 7 de agosto de 2026