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Entre aquellos que respiran y aquellos que conspiran

Por: Redacción 28/11/2016

Que nadie se confunda; nuestro Panamá es hoy el hervidero mismo de pasiones, de conspiraciones y de ansias de poder que fue desde su propio inicio, hace ya casi 500 años. Y así, la corona de la madre patria se vio obligada a buscar remedio para males propios de este trópico, enviando uno tras otro a los Gobernadores que, en vez de resolver esos problemas, parecieron agravar en proporción mayor la enfermedad. Comienza desde entonces a fraguarse en este clima el ansia de conspiración política criolla, como si el cesarismo del latino que se viene en barco con el colonizador, al tejerse con el suelo patrio, diera fruto a una nueva acuñación en la manera de gobierno. Balboa, conspira entonces contra Martin Fernández de Enciso, y lo releva arbitrariamente de su mando como Alcalde Mayor de Nueva Andalucía, autoproclamándose vocero de ese nuevo pueblo conquistado; y luego, en un juego de ajedrez político sin precedentes, releva a Diego de Nicuesa de su cargo de Gobernador de Castilla de Oro y lo condena hasta el naufragio, expulsándolo hacia mar abierto en una pobre embarcación, en la que se dice compartieron su desgracia 17 de sus más cercanos colaboradores. Tenemos así, pues, la primera dictadura de conspiración criolla en nuestro suelo, en 1511.

Sabia, cómo supuestamente era la corona de la madre patria en ese entonces, pasó por alto el principio universal, que dio tal vez el fruto y fue el origen de todo ese problema. Olvidó que en el juego del poder hay un principio inverso: al que se le da el poder, pero no lo tiene aún sobre sí mismo, lo ejercerá con despotismo hacia todos los demás; pero el que se le da, y sabía ya gobernarse dentro de sí mismo, lo ejerce como mar en calma, bien dispuesto para la navegación tranquila de todos los demás que deben, como pueblo, transitar también las mismas aguas. Debido a esa gran falla en el engranaje de delegación, llegarán otros gobernadores de ese entonces a encontrarse así con más conspiradores de la misma especie y de su igual calaña. Pedrarias De Avila, conspira luego contra Vasco Núñez de Balboa, hasta poner su cabeza una pica, proclamando así no el consentimiento sino el sometimiento de la población. Sus artimañas le dan fruto, y sólo viene a ser juzgado por sus arbitrariedades luego de una década. Contra él, pues, también conspiran, con el ansia única de apoderarse del poder de territorios, y lo sucede así el Gobernador Pedro De Los Ríos. Como cuentas de un collar, va haciéndose muy propio, pues, de nuestro clima la avaricia y el ansia desproporcionada del conspirador, que luego pasa a gobernar, para ser después la víctima también de la herramienta misma con la cual asciende, para indefectiblemente descender. No debemos sorprendernos, pues, de que la política criolla se entronice en nuestro pueblo hasta estos días. Así fue antes y así será después, si nada hacemos para retomar la ruta de unidad y de fraternidad. Porque más son los que respiran y respiran libertad, que los que conspiran y conspiran artimañas del poder criollo, egoísta y hasta provincial, en su precisa dimensión de democracia participativa, que debería ser impersonal y representativa de toda una nación. Del recuerdo de conspiradores, solo quedan las imágenes, aquí y allá, de lo que fueron. Pero de la masa que respira, de la población que fue, que es y que será; de la fuerza misma y la unidad, entre una fecha y otra; de la población que, sin perder el rumbo y esperanza, sigue haciendo patria de la patria, más allá de cualquier muro transitorio de poderes depravados y perversos; de eso no se escribirá jamás, porque está siempre presente y en las fuerzas vivas de nuestra nación.

Enderezar nuestros caminos es lo que necesitamos. En otras naciones, la bandera representa en sus colores el tejido de una causa. El rojo en la bandera de los Estados Unidos, evoca el coraje y sacrificio y el azul, la vigilancia y la razón. Pero en nuestro Panamá, la historia de los colores que despliega la bandera, nos trae noticias de la partidocracia de ese entonces que, para forjar nuestra República, llega a un acuerdo. El rojo es la proclama, entonces, del Partido Liberal y el azul de su contrario, el Conservador. Nace así este pueblo por la concepción de aquellos que no buscaban precisamente la democratización iluminada de la masa, sino de aquellos que, muchas veces, se nutrieron de la historia de conspiración a la que hacemos referencia. Algunas luces de este pueblo han tratado de implementar los grandes cambios que nos llevarían, como nación, hacia ese gran futuro que muchas veces el rejuego del poder no ha permitido.

Eduardo Punset nos habla de ese “optimismo biológico” del hombre. Aquello que despierta en él las grandes fuerzas para comenzar de nuevo tras haber sufrido una calamidad muy grande y que permite superar grandes tragedias como terremotos, cataclismos y conflictos bélicos de enormes proporciones. Por eso, no pensemos que la ingenuidad es el motor de aquellos que persisten en cambiar el rumbo de esta patria. Pensemos, más bien, que su cabildo interno es esa lucha que en él mismo se despliega diariamente; perder la esperanza, dejar que el rumbo de la patria siga por el mismo derrotero que tomó desde hace cerca de 500 años, pensar que rema con las manos en un inmenso mar que no se acaba, o asumir el reto de hacer público su pensamiento y sus ideas para que, congregado con el de muchos otros que desde su aislamiento piensan de manera similar; o, más bien, seguir abanicando la pequeña llama hasta que se levante en una hoguera de nacionalismo. Esa decisión será al final de cada cual. Pero hay que recordar que el que conspira en medio de política criolla artificiosa y traicionera, necesita siempre del pulmón aquel que, como pueblo, le permite a todos, absolutamente, respirar.

Abogado

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Martes 21 de julio de 2026