default

Entre balaceras y asesinatos


El pasado fin de semana fue de espanto. Los criminales andaban sueltos y moviéndose con libertad por las calles.

Biena armados y sin mostrar un poco de respeto a las autoridades lograron acabar con la vida de por lo menos 11 personas en distintas circunstancias.

Algunas de las víctimas murieron acribilladas. A los asesinos no les interesó mucho la polémica “Ley Zanahoria” y los retenes de control en algunas vías de alto tráfico.

La violencia sigue ganando espacio y la Policía Nacional junto a los organismos responsables de proteger a la población sufren ante las críticas y las estadísticas.

A pesar que el narcotráfico y los ajustes de cuentas se mencionan en algunos de esos casos, es un hecho cierto que existe una gran cantidad de armas en las calles.

Los criminales o sicarios actúan cada vez más con premeditación y atacan a sus víctimas sin importar si existen inocentes a su alrededor. La tónica no ha cambiado en los últimos meses.

También es una realidad que los menores de edad, dedicados a la delincuencia y sumidos en las bandas, están participando con más frecuencia en los asesinatos.

La autoestima de los policías que les toca trabajar en zonas rojas y en los llamados “barrios calientes” está debilitada.

Los “gatilleros” en esos lugares andan con armas automáticas y hasta fusiles de guerra, mientras los policías batallan con sus pistolas calibre 38.

Cada vez más se reduce la cantidad de jóvenes interesados en entrar a la Policía Nacional, los salarios no son tan atractivos y los riesgos que se corren son altos.

La sensación de inseguridad afecta a los ciudadanos, golpea la imagen del país y pone en peligro la economía.

Las decisiones deben llegar rápido junto a un plan efectivo para reducir los niveles de criminalidad.