Entre Cáncer & Sida, (Lotería)
Aún cuando la autoría de la frase (“entre el Sida y el Cáncer”) corresponde al premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa (por razón de las elecciones en Perú), bien podríamos aplicarla a los recientes hechos acaecidos en nuestro país; en lo concerniente a la “forma o proceso” de escogencia de los Magistrados a la Corte Suprema. El fracaso del método vigente es un hecho público y notorio.
Nada ni nadie puede garantizar infalibilidad de sistema alguno para con la escogencia de los Magistrados. Que resulte bien requiere de una ecuación cuasi matemática un tanto quimérica (aunque plausible) de: “suerte, fe y sensatez”.
Suerte; para que el encadenamiento de sucesos pasados, presentes y venideros del nominado se desarrollen y concluyan favorablemente. Fe; ante nuestra necesidad como sociedad de creencia sin requerimiento de confirmación por experiencia, razón o ciencia, vale decir, convicción democrática a toda costa, con sus virtudes y defectos. Y Sensatez; por la obligatoriedad de prudencia, buen juicio y sentido común que requieren ambos actores; el nombrado (Magistrado) y la nominadora (sociedad).
Resolver la ecuación (democrática) implica además encontrarle solución al desestabilizador “factor político”; que por su afectación e incidencia en el resultado (justicia) representa la variable más delicada. Pero ¿Cómo hacerlo? ¿Bajo que condiciones se pueden promover alternativas para que nuestros políticos se alejen del Órgano Judicial? Lamentablemente la incógnita es de aquellas con respuesta múltiple (y para colmo de impreciso éxito).
Algunas consideraciones al respecto: 1. Limitaciones a la discrecionalidad de propuesta del poder Ejecutivo; 2. Amplia publicidad y participación ciudadana; 3. Integridad moral; idoneidad técnica de los postulantes; 4. Diversidad en género y de especialidades profesionales; 5. Declaración jurada de situación patrimonial incluido el o la cónyuge, familiares en primer grado; 6. Independencia presupuestaria; 7. Aprobación de la Asamblea por mayoría calificada de dos tercios.
Luego de 22 años (1989–2011) debemos reconocer que en materia de justicia la desesperanza y desilusión galopan libremente, y eso es peligroso para la democracia. Algunos dirán que no hay de qué preocuparse. Pero bien decía San Ignacio de Loyola que: “para aquellos que Creen ninguna prueba es necesaria”; pero “para aquellos que No Creen, ninguna cantidad de pruebas es suficiente".
Para todo en esta vida se requiere de una pizca de suerte, otra de fe y una poca de sensatez.
Abogado.
