Entre dioses y mortales
Vivimos en medio de un país convulsionado por la política, por los intereses económicos y fundamentalmente, por la poca visión colectiva de país, donde pareciera ser más importante castigar y perseguir, que hacer justicia.
Un país, donde poco se respetan los derechos humanos, y los partidos políticos han empezado a perder la conciencia del rol que desarrollan, y donde si bien hay libertad de expresión, los periodistas no son libres, al menos íntegramente.
Un país que se mueve a pasos agigantados, pero a velocidad de tortuga, donde el sector publicitario agoniza y en donde los gobernantes tienen la piel sensible y no soportan críticas a su negligente accionar o simplemente cuestionamientos públicos, a sus metidas de pata, y por qué no, a su comportamiento, en ocasiones, alejado de la ética y la honestidad.
Es triste levantarse y desayunarse cada día con el bochornoso espectáculo que brindan los tres principales órganos del Estado, que nos recuerdan a los más famosos circos mexicanos del siglo pasado.
Aunado a lo anterior, los casos de abierta persecución contra los colegas Álvaro Alvarado y Julio Miller deben llevarnos a la reflexión y a entender que cuando se silencia a un profesional de la pluma se silencia a más de tres millones de panameños que no tienen voz.
Los gobiernos que intentan acallar las voces de los periodistas solo persiguen allanar el camino para alcanzar sus fines oscuros, alejados del bien general, donde priman por lo general intereses económicos.
Ni Torrijos ni Noriega ni la más cruenta era militar pudieron controlar ni detener el grito de libertad y de justicia de los panameños y particularmente de los periodistas.
Cualquier movimiento de persecución, de justicia selectiva, de acciones para silenciar a cualquier periodista, medio de comunicación nacional o internacional, o cualquier voz disidente de pensamientos políticos mezquinos, recibirá la condena total del pueblo.
La cantidad de periodistas destituidos en los últimos días sorprende y alarma. Pero el sector se repondrá, las voces seguirán recorriendo las estaciones radiales y las imágenes se seguirán reflejando en las pantallas, ¡El "show" debe seguir!
Los políticos son temporales; los gobiernos pasajeros, pero las ideas son eternas.
Ni las armas, ni las torturas, ni las desapariciones forzadas y voluntarias han logrado que la voz, que las letras, que los hombres y mujeres desaparezcan de ese gigantesco escenario que llamamos patria, al menos de la memoria.
Ni los militares, ni los PRD, ni la gente del "Cambio", enmudecieron las voces y las plumas de los periodistas y creo, sin temor a equivocarme, que menos lo harán los discípulos de Arnulfo Arias, a los que el traje de gobernantes, hasta el momento, les queda grande.
La humidad te levanta y te hace grande, la altivez y la arrogancia te empequeñecen y la justicia provoca equilibrio, en este mundo, donde nada es verdad o mentira, sino según el color del cristal con que se mira.
Espero que los que dirigen la cosa pública recapaciten y permitan que impere el equilibrio de la justicia y que termine este gobierno de dioses y mortales.
Periodista