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Entre Nicaragua y Costa Rica


Muy fácil es ponerse de un lado en un conflicto y denigrar a los otros. Esta conducta es explicable cuando uno es parte del conflicto, pero no es suficiente cuando se es un observador. El reciente conflicto limítrofe entre Nicaragua y Costa Rica es grave porque demanda una respuesta de la comunidad de naciones, particularmente de los Estados centroamericanos. Bien ha hecho el presidente de la República en declarar su apoyo al lado costarricense, pero no conocemos cuáles son las motivaciones más profundas que suscitaron su inmediata reacción. El conflicto mismo será resuelto antes tribunales internacionales de justicia y desde aquí no podemos adivinar ni prejuzgar sobre cuál será la decisión de fondo. Lo que sí interesa señalar es que las soluciones de fuerza son inaceptables. Las acciones realizadas por el gobierno de Daniel Ortega no son distintas a las del General Galtieri que decidió invadir las Malvinas cuando la dictadura argentina se encontraba en su crisis final. La cercanía de las elecciones en Nicaragua permite suponer que este tipo de actuaciones pertenecen al electorerismo de mala índole que frecuentemente asoma en circunstancias parecidas. Si la mediación de los organismos internacionales no logra que las tropas del ejército nicaragüense se retiren del territorio en disputa, el mensaje que se habrá enviado a toda la subregión es una verdadera desgracia: es mejor tener ejército que no tenerlo, y mejor aún usarlo que tenerlo y no usarlo. Esperamos que la posición internacional de Panamá sea un rechazo rotundo a las soluciones militares.