Entre viajes y superficialidades
En un nuevo episodio de la serie que nos muestra cómo se va debilitando cada vez más nuestra muy débil institucionalidad como Estado, asistimos al cuestionamiento público de un viaje, protagonizado por diputados principales y suplentes, tanto de oposición como de gobierno. El cuestionamiento pasa por el monto del viaje y la utilidad del mismo. A esto hay que adicionar las declaraciones de la segunda vicepresidente del Órgano Legislativo cuando expone como logros de la delegación que visita Marruecos, el conseguir 20 becas y las conversaciones con autoridades de ese país sobre el "Frente Policiaco", dando más pie a quienes acusan a los diputados viajeros de tomar vacaciones con el dinero público.
Para mí, el tema no es si viajan o no viajan. Sobre todo porque en estas situaciones, quienes han perdido la autoridad moral para criticar, lo hacen para aprovechar la situación y que los demás miren para otro lado, como lo es el caso de quien debería dar el ejemplo desde el ente anticorrupción.
Me parece que estas cosas son superficialidades. Lo fundamental pasa por entender la razón del reclamo ciudadano.
Tanto diputados como funcionarios del Órgano Ejecutivo y Judicial deben comprender que la población está cansada de dar cheques en blanco. Esto quiere decir que la era de la transparencia llegó para quedarse, y se debe actuar en consecuencia.
En el caso de los diputados, deben entender que su falta de rendición de cuentas periódica entre sus electores, la nula comunicación previa con estos para cuando se tenga que optar por una votación en el Pleno y la disciplina partidaria de espaldas a la población hacen que el elector solo los favorezca con el voto por medio del clientelismo y las históricas prácticas populistas de nuestro país.
Lo mismo pasa con los otros Órganos del Estado. Si el público, aunque no lo utilice, no tiene acceso a información sobre el uso de fondos públicos, agenda de funcionarios en misiones oficiales en el extranjero, utilidad y resultados de las misiones a las cuales se viaja, etc., no hay forma que se pueda justificar ante la opinión pública los mismos, porque sencillamente, ya se ha instalado un ambiente de desconfianza producto de años de no comprender lo anterior.
El próximo presidente va a viajar más que este, tal como sucederá con el siguiente. Es parte de la dinámica contemporánea de las relaciones entre nuestros países, cuyas economías cada vez están más accesibles y las distancias más cortas por medio de la tecnología.
Aun así, nada reemplaza el contacto humano y la experiencia de palpar y ver en primera persona ejemplos que se pueden replicar dentro de nuestras fronteras para beneficio local.
Dentro del esquema del discurso demagógico que caracteriza a los partidos políticos locales, de toda la vida, es increíble que aun se insista en señalar los viajes de los posibles antecesores, como parte de una estrategia barata para ganar la simpatía del posible elector.
La culpa de esto es de la superficialidad del debate político. Ante la falta de discusión de programas y proyectos de gobierno basados en aspectos ideológicos y programáticos, cada día más se recurre al mercadeo de actividades que fácilmente puedan hacerles ganar el voto del elector, con el problema de no saber qué hacer con las promesas que desde un principio eran imposibles de cumplir, y luego hay que justificar la falta de cumplimiento de las mismas.
Ingeniero. Estratega-Consultor Político.