Epidemia del siglo XXI
En 2012, el VIH fue el responsable de 1,5 millones de muertes en el mundo, según un estudio publicado por la OMS. En el mismo año, 6,7 millones de personas fallecían a causa de accidentes cerebrovasculares. Fumar, abusar del alcohol, llevar una dieta inadecuada y no hacer ninguna actividad física supone una combinación perjudicial para nuestra salud; en ocasiones letal.
Según las últimas estimaciones, de las 56 millones de muertes que hay al año, el 68% se deben a enfermedades no transmisibles, un 8% más que en el 2000. Además, 16 millones se producen entre personas menores de 70 años. Las patologías incluidas en este tipo de dolencias se dividen en cuatros grupos (enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias y diabetes) y el riesgo de padecerlas está ligado con el consumo de tabaco y alcohol, llevar una dieta poco saludable o el sedentarismo.
Horas interminables delante del ordenador, el coche como medio de transporte más habitual o evitar las escaleras son algunos de los hábitos más frecuentes en el día a día. Un estudio reciente señala que el sedentarismo produce el doble de muertes que la obesidad. Por su parte, las cadenas de comida rápida se multiplican en el mundo. Los establecimientos, repletos de clientes, ofrecen un servicio casi instantáneo y precios baratos. Sin embargo, detrás de estas ventajas se esconde una mucho peor. La comida servida en estos locales se caracteriza por tener grandes cantidades de calorías y componentes que, a la larga, son nocivos. El acelerado ritmo de vida imperante en la actualidad dificulta llevar una dieta sana y muestra de ello es que en 2014 el 39% de la población tenía sobrepeso y un 13% obesidad.
Tabaco y alcohol son otros dos enemigos de la salud, ambos adictivos y tóxicos. A pesar de que el consumo del alcohol está más generalizado, la adicción que produce la nicotina y el hecho de que afecte también a fumadores pasivos, hace que el tabaquismo sea más perjudicial y se relaciona con seis millones de muertes al año.
La OMS ha creado un plan para reducir el 25% de estas muertes prevenibles en 2025 y para ello propone reducir las grasas trans sustituyéndolas por poliinsaturadas, que se encuentran en el pescado y los frutos secos, y eliminar anuncios publicitarios que fomenten el consumo de alcohol y tabaco.
El problema está a nuestro alcance, las bacterias y la búsqueda de vacunas no forman parte de este juego. En un asunto en el que nosotros somos víctimas y verdugos, la solución es tan sencilla como cambiar unos hábitos que, sin embargo, parecen demasiado arraigados en la sociedad.