Epístola interesante
Acomodando un poco mi biblioteca donde tengo libros desde mi adolescencia, he dado con una cajeta que contiene cartas de familiares y amistades que en distintos momentos me escribieron desde el exterior, a las que siempre, conforme a mi habitual cortesía, cumplía en contestarlas a la mayor brevedad y puedo decir con la mayor satisfacción que entre las mismas, resaltan las que mantuve con mis padrinos Carlos y Berta de Gómez cuando después de muchos años de residir en nuestro país, como ciudadanos nicaragüenses, tras un obligante exilio cuando sufrieron persecución del régimen somocista y desde mi infancia mi madre los tuvo de vecinos en una casa de inquilinato de la Ave. Ancón del barrio de Santa Ana y luego se me dijo que en ella había nacido.
Ello me favoreció a mantener con ellos una amistad imperecedera que contribuyó a mantener con ellos el mismo repudio hacia aquella dictadura sanguinaria, de la que felizmente fue liberada por el Ejército sandinista y que durante el proceso revolucionario liderado en nuestro país por el General Torrijos, recibió siempre apoyo muy solidario que ellos siempre demostraron su agradecimiento, igual que hacia todos los demás países que igual demostración hacían.
Mi madrina Berta, lamentablemente, falleció de muerte natural, un año antes del triunfo de la revolución sandinista y luego su esposo, que naturalmente había enviudado y empeñado en reponerse del terrible golpe emocional por la pérdida definitiva de la compañera de su vida, se sintió compensado en su ánimo, como buen patriota, y emprendió el retorno definitivo a la tierra que lo vio nacer, ya por fin liberada definitivamente de aquella dinastía nefasta.
Debo decir que ni él ni yo nos desvinculamos en ningún momento de nuestra sólida amistad y fue copiosa la correspondencia que mantuvimos, él desde luego muy mayor y achacoso por algunas enfermedades, epistolario que lamentablemente no continuó, unos años después cuando ocurrió su fallecimiento y me lo hizo saber un familiar suyo, enterado de mi apartado.
Ha motivado que refiera esta reminiscencia por haber encontrado esa carta muy deteriorada de mi padrino Carlos Gómez, entre otras en igual deterioro, en que aportaba valiosos consejos de profunda filosofía, como conocedor de mi firmeza en mis ideales, pero enterado por mí de lo voluble y frágil de algunas amistades que había creído sinceras y por quienes hice mucho cuando las aventajé económicamente, precisamente durante el gobierno de Torrijos y pude contribuir, por lo menos en que no se les dudara de la lealtad que habían prometido, luego de haber sido beneficiados con una amnistía. Esa ayuda desinteresada que entonces les brindé, fue por medios periodísticos laudatorios, pero cuando desde las alforjas del poder el mandatario fue abundantemente generoso hacia ellos y tuve urgencia para solicitarle algunos favores, se lucían pregonándolos en círculos amicales, si en algo entonces me habían favorecido.
Al respecto de esos hipócritas en la amistad, ahora debido a esas circunstancias a que aludo, en unos cortos renglones, mi padrino me decía: "Beli, evite en lo posible los favores de quienes hambrean la gloria y cuando apenas le dan peñizcón, ocurre como usted me cuenta"