default

Equidad en la educación, un objetivo por alcanzar


Juan Jované (opinion@epasa.com) / Economista.

La presencia de una significativa falta de equidad en el ámbito de la educación es un hecho característico de la realidad nacional. Así, por ejemplo, de acuerdo a estudios recientes cerca del 30.0% de los panameños y panameños que están en edad de participar en educación media no lo están haciendo, con lo que se puede asegurar que su futuro en el mercado laboral no apunta hacia el empleo digno.

La inequidad en la esfera de la educación constituye el resultado de un conjunto de factores que interactúan entre sí, dando lugar a un efectivo circulo vicioso. El primero de estos se refiere al problema de las posibilidades desiguales de acceso. En efecto, la propia pobreza significa para los hogares más vulnerables dificultades para cubrir los crecientes costos directos e indirectos que significa mantener a sus hijos en el sistema educativo, a la vez que constituye una presión para que los mismos se integren de manera prematura al mercado laboral informal. No menos importante es la carencia de una oferta lo suficientemente cercana a los sitios de residencia de dichos hogares.

Un segundo problema de la inequidad en la educación se refiere a la calidad diferenciada de la misma. Es así que frente a la igualdad formal que pueden representar los programas comunes, se observa una significativa diferenciación entre la educación privada y la educación pública, así como dentro de esta última. La carencia en el espacio estatal de los recursos indispensables, tales como infraestructuras suficientes y en buen estado, equipo y materiales idóneos, bibliotecas bien dotadas, así como de un sistema remunerativo equitativo que estimule al docente, afecta notablemente la calidad de quienes participan de la educación pública. La carencia de la actual administración del Ministerio de Educación de una efectiva preocupación por estos aspectos está llevando, de manera acelerada, a una clara dicotomía ente la educación privada para quienes la pueden pagar y una educación pública de baja calidad para los pobres.

Un tercer elemento se vincula con la llamada fragmentación jerárquica. Esta se refiere al problema de la valoración social de las certificaciones que provienen de diversos sectores y centros educativos. El problema aquí es que, pese a su equivalencia formal, los agentes sociales perciben las certificaciones del sector público como inferiores a las otorgadas por el privado. Se trata, como se evidencia en la educación superior, de una percepción que no siempre está basada en las diferencias reales de calidad, sino en prejuicios y hasta en ideas diseñadas para tal fin. La administración del Ministerio de Educación con su actitud hostil hacia los educadores resulta un factor importante en la generación de esta fragmentación jerárquica.

A final de cuentas el problema de la equidad en la educación solo podrá ser resuelto si la transformación educativa va más allá de las formalidades curriculares y las acreditaciones ceremoniales, entendiendo y promoviendo la relación de sinergia que existe entre equidad social y calidad educativa. Se trata de una visión que difícilmente se puede esperar de los actuales encargados del sector educativo.

Economista.

Edición Impresa

Viernes 14 de agosto de 2026