Erradicación de la pobreza y la indigencia del planeta
El Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza fue conmemorado el pasado miércoles 17 de octubre, fecha escogida por las Naciones Unidas desde 1992, cuando promulga la concienciación sobre la erradicación de la pobreza y la indigencia en el planeta. En este marco me referiré a un término actual muy de moda y es: la cultura de la pobreza.
Pobreza es un elemento típico de la cultura, la cual se inició desde el comienzo de la humanidad como reflejo de las leyes de la naturaleza. Los más aptos sobreviven y los que más tienen también. En términos más amplios, es la pobreza consecuencia directa de modelos arcaicos del contrato social establecido entre los grupos de hegemonía de la sociedad y sectores medios que desde tiempos remotos le han servido para sobrevivir. Este contrato universal que nadie firmó es el motor de la actividad productiva y de la mayoría de los sistemas de organización social conocidos. Está basado en la acumulación y distribución de los bienes materiales y racionales, que van en contra muchas veces de moral y de sentimientos de solidaridad y equilibrio de los seres humanos. Los resultados son vistos: en acumulación y carencias, relación especulativa de trabajo y capital, de marginados y excluidos.
La cultura de la pobreza es un universo inevitable, ahora globalizada e informatizada, en la cual las relaciones de producción y consumo provocan miseria material y espiritual en términos mundiales, sistema de explotación de la riqueza natural de la misma mano de obra humana y de la elevada orden de la informática e internet como otra fuente de poder y capital. Lo cual, a fin de cuentas, el ser humano crea una norma mental y que se transforma en una ideología racional. De este modo, son pocas las personas, atrapadas en este universo, cada vez más a fin al desperdicio y superfluo, dispuestas o preparadas para dar el brinco a una nueva cultura de bienestar y guiada por la acción de la solidaridad humana.
Tanto ricos como pobres a lo que aspiran es a tener más sin dejar de ser lo que son. Los ricos más sensibles en este caso, no tienen opciones viables para promover la equidad por las mismas razones que los pobres, anegados por su historia vital, carecen de opciones para asumirla.
En este caso, la cultura de la pobreza seguirá vigente en la mente y en espíritu de las personas hasta que se logre una vía basada en programas económicos gubernamentales y privados que no se fundamenten en el clientelismo paternalista, sino más bien en condiciones y estrategias que den como resultado la distribución de la riqueza por medios serios y concretos. Para este año, el lema de esta importante fecha es: “poner fin a la violencia de la pobreza extrema: promoción del empoderamiento y consolidación de la paz”.
Profesor y consultor independiente.