Es ahora o nunca para Abe
El poco brillante desempeño económico de Japón no hizo mella en la campaña del primer ministro Shinzo Abe y su Partido Liberal Democrático (PLD). Con una resonante victoria, el partido y sus aliados obtuvieron dos tercios del Senado y ha quedado despejado el camino legal para que Abe logre un viejo y acariciado objetivo: reformar la Constitución pacifista. Desde hace años, el primer ministro persigue el objetivo de revisar la cláusula constitucional en la que Japón renuncia a la guerra y que impide una participación más activa en asuntos militares globales. Esa condición fue una imposición de Estados Unidos para evitar el resurgimiento del militarismo.
Abe ya cuenta con el apoyo legal suficiente en la Dieta, la Cámara Baja del Parlamento. No obstante, el camino por delante no es fácil dado que la sociedad japonesa sigue siendo pacifista mayoritariamente. Las encuestas muestran poco apoyo para un cambio. Además, los aliados políticos no necesariamente comparten su objetivo.
Por otro lado, las elecciones confirmaron una vez más que los electores japoneses (hubo un 54% de participación) son conservadores y prefieren estabilidad. El PLD ha gobernado desde hace 6 décadas, excepto por 4 años. Abe y el PDL aprovecharon bien la memoria fresca de la mala administración reciente del Partido Democrático. Tan vivo está el recuerdo de esa mala experiencia que los votantes le han perdonado a Abe los resultados modestos de sus políticas económicas, llamadas "Abenomics". Y los jóvenes se decantaron por Abe y el PLD.
"Abe no habló de seguridad (en la campaña). Habló de desarrollar la economía. La gente joven está interesada en desarrollar la economía. Hemos tenido una recesión por 30 años", me explicó el Dr. Kiyoshi Nakachi, profesor de la Universidad de Osaka. "Japón ha sido número uno y aún lo quiere seguir siendo en economía, educación, cultura, etc.". "La oposición es débil y está dividida", agregó el académico. Este apunta también al hecho de que Abe pertenece a una generación que no vivió la guerra.
¿Por qué Abe busca su gran objetivo? Por un lado, el auge de China y el aumento de su poderío económico han creado inquietud. Pese a las declaraciones de Pekín de que no busca una hegemonía asiática y global, Japón y otros vecinos temen un orden regional en Asia donde China -y no Estados Unidos- tenga el lugar preponderante. El resentimiento y el odio nacionalista chinos son muy fuertes, muy viva es la memoria de los crímenes cometidos por las tropas japonesas en la Segunda Guerra Mundial Los Gobiernos chinos han sido cada vez más firmes en su conflicto territorial con Japón por las islas Senkaku, o Diayou, en el Mar Oriental de China; hay allí una disputa de soberanía y por recursos económicos.
Hay un poderosa interdependencia económica: el 18% de las exportaciones niponas van al mercado chino y de China continental proviene el 25% de sus importaciones. Las empresas japonesas siguen necesitando a China, y esta, la tecnología y los capitales de su rico vecino insular.
Tokio y Washington han fortalecido su alianza de defensa. Para intensificar esa asociación estratégica, Barack Obama visitó incluso Hiroshima. También desea Japón fortalecer la cooperación de defensa con la India –visto por muchos como un rival natural de China– y Australia. Taiwán y Tokio están en un proceso de acercamiento.
Abe enfrenta ahora un desafío mayor: tratar de cambiar el ánimo de la opinión pública. O sea, aún está a mitad del camino.
(*) Analista de asuntos Asia-Pacífico. Taiwan Fellowship Program 2016, Taipei.