Es cuestión de identidad
Cada vez que aparece una crisis personal, hay que recurrir a la pregunta: ¿y quién soy yo? Y responder afirmativamente: "Soy alguien especial, extremadamente importante a los ojos de Dios, con una misión trascendente, ser alabanza de la gloria de Dios, construir el Reino del Señor en la Tierra, ayudar a cambiar el mundo"; una respuesta de esta categoría hará la diferencia para salir airoso en cualquier dificultad. Uno de los síntomas claros de deterioro personal es el de sentirse un desconocido con uno mismo, y así no se puede enfrentar uno con eficacia a un problema trascendental. Una de las situaciones más peligrosas en el ser humano es la de perder conciencia de su realidad, de su identidad. Por eso hay que estar conscientes del "yo soy", es decir, usted, un ser único, irrepetible, íntimamente conectado con su fuente vital que es Dios.
Una táctica de "las tinieblas", es la de arrancarle la conciencia de su misterio más profundo y de hacerle creer que usted es un ser impersonal, sin valor ni trascendencia alguna.
Jesús pudo enfrentarse a los ataques más terribles de todos los poderes de su tiempo, políticos, económicos, religiosos y aun a la incomprensión y abandono de sus discípulos, gracias a la claridad de su conciencia sobre su dignidad divina y humana. El sentirse enviado por el Padre, el saber que cumplía una misión sagrada, le dio fuerzas para resistir. El ser atacado por sus adversarios llamándolo Belcebú, príncipe de los demonios, o ser tratado como un revoltoso, creó confusión en la gente pero no en Cristo; el mismo Satanás, en las tentaciones del desierto, quiso confundirlo intentando crear en Jesús sed de poder y así hacerlo caer en la trampa: "Si me adoras, te daré todos los reinos del mundo". Jesús tenía clara su identidad de hijo de Dios Padre, enviado para salvar a la humanidad. Resistió a esas tentaciones y nos hizo ver que con Él podemos superar cualquier trampa de las tinieblas.
El que tiene clara su realidad y se aprecia, se valora, estando seguro de quién es, tendrá así mismo una autoestima positiva. ¿Qué clase de autoimagen tiene usted? Si se cree producto de la casualidad cultural y genética y que nació aquí porque sí y su vida no tiene el sentido correspondiente, está usted mal.
Al mundo no le interesa que usted sea consciente de quién es. El interés de despersonalizarlo y hacer de usted un ser "gris", que es incapaz de definirse como persona y sin ideales, es para que sea un fácil instrumento de cualquier ideología política, dictador de turno, moda degradante, vicio predominante, grupo de poder o creencias de adivinos y hechiceros. Mientras menos conciencia tenga de su "yo interior", de su relación con Dios y del poder que el Señor tiene, más será propenso a dejarse manejar por supersticiones basadas en falsas influencias de estrellas, amuletos y lecturas de cartas. El único poder auténtico es el del Señor con quien usted será invencible.
Monseñor