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Es el momento de la reflexión

Por: Redacción 24/03/2016

La necesidad de reflexión en nuestra clase política es imperante. Nuestra población ha perdido la fe en el sistema democrático. Para nuestra buena suerte, esa falta de confianza es, por ahora, solo de boca y no se ha manifestado en una explosión social de consecuencias difíciles de predecir, pero se debe entender que con muchas probabilidades de ser peligrosa.

El regreso a la democracia para muchos ha sido una decepción. Corrupción, falta de transparencia, dobles discursos, etc. Atrás quedó aquel deseo de libertad, justicia y democracia.

Libertad a medias. Cuando se investigan casos de pinchazos telefónicos y los acusados aducen que es persecución política, el que no se pueda determinar exactamente qué es lo sucedido demuestra que vivimos en una libertad a medias, en la que un sector de la población desconfía de sus burócratas encargados de la seguridad y la inteligencia del país. Y de esta forma, siempre queda la sensación de que se utiliza el poder para perseguir políticamente a los opositores.

Justicia en deuda. Desde la famosa "Corte de Lujo", que tampoco fue la gran cosa, nuestro sistema de justicia, de manera vertical y horizontal, es un completo desastre. Como el panameño ya no confía en la justicia, ha decidido arreglar las cosas por su cuenta. Vivimos literalmente recluidos en nuestras casas con altísimas cercas y encerrados de manera que nada entre o salga sin una llave de nuestras viviendas, la intolerancia ha llevado a muchos a los golpes y más en nuestras calles.

Seguimos con un sistema en el cual, un corregidor no garantiza al ciudadano que las cosas se arreglarán en derecho. Ni hablar de jueces y fiscales, que en un periodo de gobierno actúan de una manera y en el otro, queda la duda. Y la Corte Suprema de Justicia, con su mora en los fallos y la permanente contradicción en sus resoluciones, no logra la confianza de los nacionales, sin importar el nombre del magistrado del momento. Ni hablar del método, cada vez más exótico, que nuestros mandatarios utilizan para renovar esa instancia del Órgano Judicial.

Democracia de a medias. Y es que no únicamente tener partidos políticos y elecciones cada cinco años. Los partidos políticos deben tener vida interna permanente, con elecciones primarias, o algún mecanismo de renovación que garantice que todos tengan las mismas oportunidades de participar en las mismas. En cambio, los partidos se han convertido en cúpulas que administran un subsidio electoral a su antojo, premiando, a sus cercanos con jugosos salarios por hacer nada o casi nada.

La vida interna de los partidos se reduce a lo que sus máximos dirigentes les interesa, decidiendo a placer cuándo hacer la pantomima de una renovación, asfixiando la posibilidad de renovación con nuevos cuadros políticos, que terminan paseando de partido en partido, o peor aún, navegando en la tan conocida "sociedad civil" que, aprovechando de este formato, obvian la disciplina de un partido político y se abrogan, sabrá Dios a razón de qué, la representación de toda una sociedad que ni siquiera los conoce y nunca les ha conferido un mandato para este propósito.

Queda claro que hay mucho que reflexionar. Pero también hay mucho por hacer. Y es que si no nos ponemos de acuerdo, vamos a, poco a poco, acabar con el sistema, entregando en seudolíderes coyunturales, precisamente nuestra democracia, nuestra libertad y, por supuesto, nuestra justicia.

Ya hay quienes utilizan cualquier discurso popular, por más que llame a la xenofobia, al odio, o a la demagogia para lograr la atención de los posibles votantes. Otros recurren a la lucha de clases, a ideologías y doctrinas en decadencia o probadamente fracasadas para captar simpatizantes, no necesariamente en bien del país.

Tampoco es posible que tengamos que recurrir a personas que en su momento lograron la más alta magistratura del país y terminaron incumpliendo sus propias promesas, traicionando a quienes, como cercanos, los acuerparon en sus momentos de dificultad y, lo más importante, decepcionaron a una población que les dio el voto en un momento de esperanza por el futuro del país.

El panameño es inteligente y merece respeto. Pero también es poderosa la forma como se le engaña y trata de manipular. Es importante que todos como sociedad reflexionemos sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos en esta tierra. Veamos el ejemplo de quienes, lamentablemente, han tenido que abandonar sus orígenes y dejar atrás los restos de sus ancestros, por entregar políticamente el país a las personas incorrectas. No lo merecemos y no lo podemos permitir.

ngeniero. Estratega–consultor político

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