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Es hora de cambiar el futuro


Noticiero de televisión de la tarde en horario estelar. Los reporteros preguntaron en diferentes lugares sobre diversos temas a varios ciudadanos. En su mayoría, a estos panameños les costaba articular una oración coherente. Lo que más me llamó la atención era el uso de palabras inexistentes o mal pronunciadas. Más allá del acento y el tono que usaban, nuestros conciudadanos cada vez hablan peor en español.

Le pregunté a una reportera de un medio por el tema. Ella se comía varias consonantes cuando me hablaba. Adicional a esto, recuerdo una entrevista que le hicieron hace un tiempo al empresario Juan F. Kiener sobre el desempleo. Su queja fue directa: casi ningún joven que entrevistaba para un puesto sabía hacer una regla de tres correctamente.

Una vez Ebrahim Asvat me comentó que él tenía una idea para acabar con el problema del analfabetismo en las áreas indígenas: construir centros escolares con la modalidad de internados y becar a todos los estudiantes durante la primaria y la secundaria. A los mejores enviarlos a centros universitarios extranjeros o locales becados y al resto capacitarlos para carreras técnicas que les sirvieran para ser productivos en sus comunidades, más allá de la tradicional recolecta de café, entre otros.

Cuento esto porque tengo la impresión que es el momento para que el gobierno convoque a un gran congreso por la educación. Que entre la sociedad en su conjunto, partidos políticos, empresarios y trabajadores se establezca un plan académico, financiero y de infraestructura sobre el tema educacional y que se construya un compromiso para seguirlo como escrito en piedra por cada gobernante futuro, tal como lo hacemos con el Canal de Panamá.

Si logramos convertir a Panamá en un centro logístico que además de transporte ofrezca la capacidad de instalar empresas dedicadas a la innovación, la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías, eliminaremos la pobreza en muy poco tiempo. Pero esto requiere de un recurso humano muy enfocado y altamente educado. Incluso para trabajar de mesero en un restaurante ya necesitamos que dominen al menos dos idiomas.

Panamá no es un país para explotarlo con minas a cielo abierto o en exploración petrolera. Su biodiversidad es única y destruirla es un crimen que las futuras generaciones no nos perdonaran. Hay que aprovechar las ventajas que se han desarrollado en los últimos años y sacar el máximo de nuestra joven población, que en este momento solo logra quedar al borde del analfabetismo funcional cuando termina su ciclo educativo.

Ojalá alguien que lea este artículo y cuente con suficiente liderazgo en la sociedad panameña, tome esta iniciativa para sí, comience a trabajar en un plan y esté dispuesto a transformar el futuro del país para siempre.

*Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos.