¿Es Panamá una ciudad barata?
Recientemente la prestigiosa publicación inglesa The Economist reportó que la capital de Panamá es la octava ciudad más barata del mundo. Naturalmente, los defensores de la política económica actual no perdieron tiempo en señalar esto como un logro de su gestión; no obstante, ante la realidad que experimentan los panameños de a pie, nos preguntamos: ¿Para quién es Panamá una ciudad barata? Siempre se recuerda en nuestro país cuando nos quejábamos de lo cara que estaba la vida, teniendo en aquellos tiempos una inflación que no superaba el 1.0%.
Sin embargo, en los últimos años el ritmo de crecimiento extraordinario ha tenido como consecuencia una alta correlación con un importante crecimiento del IPC, que ha ocasionado un incremento igualmente extraordinario del nivel de precios en nuestro país. El IPC, que en 2003 registraba apenas un 0.1%, alcanzó la cifra de 5.7% en 2012, mientras que en 2011 registró un 5.9%.
Este incremento sostenido del nivel de inflación ha generado como respuesta inversa una disminución igualmente sostenida del poder adquisitivo del dólar, de manera que el dólar de 2004 solo tiene un poder adquisitivo hoy en día de 70 centavos.
Si este crecimiento de la inflación es preocupante, resulta más grave saber que cuando se desagrega este índice de enero de 2011 a enero de 2013, se muestra que el renglón de alimentos y bebidas, que es el que más impacta a los sectores de medianos y bajos ingresos, muestra un incremento superior al del IPC, de manera que mientras el índice creció en este periodo un 5.7%, los alimentos y bebidas crecieron 7.0%.
Pero por qué habría de preocuparnos semejante incremento de la inflación en nuestro país, si se supone que los niveles de crecimiento económico se debían traducir en un correspondiente incremento de los niveles de bienestar económico de la población. Cuando se revisa la Encuesta de Niveles de Vida que la Contraloría General de la República ha decidido no realizar, se observa que el 20% de la población de menores ingresos que en
2003 recibía el 5.44% del Ingreso Nacional, en 2011 recibió apenas el 3.4 % de este ingreso; mientras que el 20% de la población de mayores ingresos que en 2003 recibía el 47.3% del Ingreso Nacional, en 2011 su porcentaje de apropiación de este ingreso aumentó al 53.6%. En estas condiciones de una abismal diferencia entre los que más y menos reciben del ingreso total, resulta fácil determinar quiénes están recibiendo el beneficio del crecimiento económico y quiénes están pagando el costo de la inflación.
Una vez que se ha demostrado que vivir en la ciudad de Panamá, lejos de disminuir, muestra una tendencia sostenida al encarecimiento, nos preguntamos nuevamente ¿para quién Panamá es una ciudad barata?
Es indudable que los niveles de crecimiento experimentados y las políticas de atracción de inversiones extranjeras han ocasionado que muchas personas hayan encontrado en Panamá el lugar ideal para vivir. Sin embargo, estas personas, que en su país están acostumbradas a pagar precios muy superiores a los que se pagan en el nuestro, encuentran a Panamá como una ciudad barata.
Es así que, por ejemplo, los jubilados norteamericanos, acostumbrados a pagar costos de servicio de enfermería de $25.00 la hora, encuentren maravilloso pagar por este mismo servicio hasta $25.00 por día. Esta inmigración ha generado una presión importante sobre el nivel de precios de los bienes raíces en nuestro país, en el cual, a pesar de que en muchos casos incrementan sus precios a niveles impagables para los nacionales, sigue siendo barato para los inmigrantes.
Como se ha demostrado que la ciudad de Panamá no es barata para el ciudadano panameño común y corriente, que en muchos casos en la procura de adquirir los alimentos que sus escuálidos ingresos les pudieran permitir, se tienen que someter a condiciones indignantes en las llamadas jumboferias, llegamos a la conclusión de que aquellos que se regocijan con el [B]ranking[/B]de The Economist no tienen nada que celebrar, por el contrario, si tuvieran los niveles mínimos de consideración, se preocuparían de tomar las medidas que garantizaran que la población panameña pudiera vivir en las mínimas condiciones de dignidad humana.