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Escándalo del servicio secreto


Desde Bill Clinton hasta los agentes del Servicio Secreto de EE.UU., los escándalos sexuales marcaron de una forma u otra la política estadounidense.

Que varios agentes de esa agencia federal y militares hayan contratado prostitutas no debe sorprender a nadie. Se hace en Colombia, Panamá, Europa y EE..UU, aunque en este último país es ilegal, pero la encuentras y lo vi con mi propios ojos en Los Ángeles, California, en el 2004, y de día.

No encuentro por qué se sorprenden de una “conducta inapropiada”, si todos somos seres humanos y cometemos errores. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

La prostitución existe desde los tiempos antiguos, e incluso la Biblia lo refleja en varias de sus partes. Pero más allá de una clase moral e investigaciones y rompimientos matrimoniales, el sexo, el poder, el dinero y la política siempre van de la mano.

Si fuera por conseguir prostitutas, no habría gobierno en ningún lugar del mundo. Desde concejales hasta presidentes y primeros ministros han solicitado los servicios de estas en sus países y el exterior.

Lo cuestionable es que se usen dineros públicos para esto, como ocurrió hace años en España, donde senadores visitaron el prostíbulo “Rasputín” de Moscú y lo cargaron a los contribuyentes españoles.

No defiendo la prostitución, sin embargo, tampoco soy inquisidor ultramoralista en este tema.

Muchos cuestionan y arremeten. Pregunto que alguien me diga si existe un hombre en esta tierra que se haya acostado con una sola mujer durante toda su vida. Habría que hacerle una estatua.

Vivimos en una sociedad hipócrita, en la cual criticamos acciones y decisiones en público, pero en privado se tiene doble vida.

La única ganadora es la prostituta colombiana, quien ahora tendrá ofertas de magnates y revistas internacionales como modelo sexual.