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Escribas y fariseos

Por: Redacción 23/06/2017

Solamente los espíritus pobres, huérfanos de todo principio de seriedad y de honestidad, consigo mismos, falsean los hechos y trafican la mentira presentándola, siempre, con apariencia de verdad. Son esos mismos espíritus los que desperdician la plenitud de la vida para ocuparse, casi de modo exclusivo, levantando el dedo acusador, cizañero, incriminatorio e injusto en contra de los demás.

Cuando hablan, engañados, creen ocultar con palabras de auto- elogios de honradez y de transparencia la raíz amarga de la retama que se encuentra en las palabras y frases por ellos pronunciadas.

Pero la vida de cada cual es una lectura que puede encontrarse escrita en pasquines propios de caricaturas, libros muy interesantes y hasta en tomos. Y hay, en otros, modelos de vida tan ejemplarizantes que la lectura de sus comportamientos buenos y positivos pueden llegar a configurar enciclopedias enteras.

Nadie puede engañarse ni pretender engañar a los demás cuando habla. Todo discurso, por muy coherente que se nos presente, lleva dentro de sí una palabra, una frase o una expresión que termina delatando o desenmascarando al que lo pronuncia.

Los que estudian el arte de la oratoria, los contenidos de los discursos, pueden descubrir en quien interviene o lo pronuncia, ya sea en una mirada, en un gesto, en una determinada pose o postura corporal, quién es esa persona que ante nosotros habla.

Cuántas veces es el propio orador quien termina siendo victimizado, traicionado, por sus pareceres o sentimientos. Cuántos no caen y se quiebran ante lo que piensan o lo que dicen.

Los falsarios siempre han estado en todas partes, en todo lugar se mueven, como las culebras, de modo sigiloso; sonrientes, se muestran afables y amistosos; dicen ser cariñosos, pero el rostro de la hipocresía les salta a primera vista y es la propia mentira que los delata y los hace sucumbir. Estos son los que hacen daño a las democracias y son los grandes oportunistas de los gobiernos.

Nada les importa el caído, sino hacer leña del árbol caído; la solidaridad humana es un canto de sirena que en nada les perturba; el amor al semejante no tiene sentido si no hay una oportunidad, un beneficio propio; las relaciones con los demás importan si hay un acomodo a sus intereses; entender que en cada semejante, cuando cae, tenemos el retrato frente a nosotros de nuestra propia miseria, para ello les resulta difícil o imposible de entenderlo.

Se mueven por espíritus vengativos, amargados, frustrados, suelen empinarse en el dolor y la miseria de los demás y cada vez que hablan, como el áspid, escupen el veneno que llevan en sus almas.

Pero hablan de moral y de ética, también de rectitud y de justicia; invocan a la honradez y hasta fingen sentir cosas de las cuales se han declarado enemigos eternos; y dicen estar en paz con sus almas, que duermen tranquilos y es que, tal vez, ignoran que Dios mismo, de los soberbios y malos, aún para los tales tiene benignidad. Pero la ceguera espiritual les impide entender que el Creador es misericordioso y, en consecuencia, teniendo misericordia del caído, levantándolo, no pueden entenderlo y al despotricar luchan, no contra el hombre, sino contra Dios.

En lo que a mí respecta, prefiero estar del lado del caído, del menesteroso, y si puedo extender mi mano para ayudarlo a levantarse, sin un segundo de duda en mi ser, no me temblarían los brazos, jamás, para extenderlos y ayudarlo a levantarse. Al final de mis días, cuando Dios nos llame a su presencia, será ante su Altar Santo, que rendiremos cuentas y cuentas claras.

Todo esto para sostener lo siguiente: ¡Cuánta perplejidad me ha causado, luego de haber estado en la audiencia del expresidente Martinelli, el pasado martes, ver cómo en mi amado Panamá han salido a ocupar los medios de comunicación no pocas personas –unos políticos, otros profesionales- quienes han dicho al país verdades a medias de lo que allí aconteció.

Por haber sido requerido como “Testigo experto en Derecho” –calificativo que me dieron allá los abogados del equipo de la defensa, pues en Panamá sería un “perito”- tendré que esperar el resultado de dicha audiencia para luego dar a conocer, en la medida de lo posible, mis apreciaciones del caso, cosa que haré del modo más objetivo posible y libre de toda malsana pasión. ¡Dios bendiga a la Patria!  

Abogado

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