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Escuchas y seguridad del Estado

Por: Redacción 22/01/2015

Ingeniero y secretario de la Junta Directiva de Fundación IPEC

No soy fanático de las películas de James Bond ni de las series de televisión como CSI o algo por el estilo. El tema del espionaje no me parece divertido. La primera vez que me puse en serio a estudiar el mismo, fue porque mi nombre estuvo involucrado.

En el verano de 2007, un sujeto impresentable, a nombre de una organización anticorrupción inexistente y que solo integraba él, “denunció” en el entonces programa matutino del periodista Julio Miller en el canal 21, llamado en la época RCM, que en la Presidencia de la República escuchaban y grababan las llamadas e interceptaban los correos electrónicos de dirigentes políticos y ministros. Lo que llamó mi atención es que se me acusaba sin una sola prueba de semejante operación.

Por supuesto que minutos después me asesoré legalmente. Por mi experiencia profesional en temas de tecnología de comunicación, conozco perfectamente qué hay que hacer para que, con orden judicial, las operadoras telefónicas hagan lo requerido por la justicia. Así, me da mucha risa como los actuales noticieros hablan de temas de espionaje telefónico completamente imbuidos en la ignorancia y la falta de investigación sin ningún reparo.

Regresando a mi anécdota, entre mis jefes de la época y abogados me convencieron de olvidar el tema y que evitáramos el “efecto Streisand”, por el cual, algo de lo que nadie se enteró en el momento en que sucede termina siendo la noticia. Al no tener una sola prueba y basar sus acusaciones en un rumor que ya sabrá Dios quién lo inventó, no había que probar que lo que hablaba era ciencia ficción pura y dura.

OJALÁ ENTENDAMOS COMO SOCIEDAD QUE NO SE PUEDE FESTINAR CON LOS MISMOS PORQUE HAY MUCHO EN RIESGO.

Y es ahí que me intereso por entender esto de la seguridad del Estado. Recomiendo ampliamente el libro de la experta en el tema Ana María Salazar: “Seguridad Nacional Hoy”. Ahí encontrarán un panorama general, entre particularidades mundiales, de lo que realmente debe ser el objetivo de la seguridad de los Estados y sus organismos de inteligencia.

Estos temas son muy serios y no deben estar en boca de todo el mundo. Es de una irresponsabilidad supina que un noticiero de televisión presente imágenes de una antena y un equipo pegado a una pared y diga que ese es un equipo de intervención de llamadas telefónicas. Lo hilarante es que los equipos son paquidérmicos, más parecidos en tamaño a los usados en la Segunda Guerra Mundial. Entre lo irresponsable y lo analfabeta funcional.

Ahora, esto es lo importante. Los políticos deben quitar de sus cabezas el tema de “inteligencia”. Como en nuestro mundo moderno es absolutamente necesario, deben dejar el tema a expertos, con la cabeza amueblada, de responsabilidad y claridad de objetivos muy clara. Yo trato de recordar desde hace tres semanas, el nombre del buen amigo que fue director del Consejo de Seguridad de nuestro país en la mayor parte del gobierno del presidente Martín Torrijos y no lo logro. Esa es la idea. Es un trabajo silencioso y discreto. Nadie debe recordar su nombre.

El lamentable espectáculo que hemos visto estos días, donde varios exviceministros han sido enviados preventivamente a prisión, en medio de un escándalo de escuchas ilegales, es de las cosas más bizarras que me ha tocado ver desde el regreso de la democracia.

Estos temas no son nuevos. El último intento de golpe militar en nuestro país, el cual ocurrió a principios de diciembre de 1990, fue abortado gracias a que desde el antiguo Intel, y con los respectivos permisos del Ministerio Público, fueron intervenidas las comunicaciones telefónicas de las zonas de policías, antes militares, y se pudo establecer la coordinación que se comenzaba a dar entre los jefes de zonas.

Esto, sumado a la operación sicológica de oscuros fontaneros de palacio de entonces, llenó de dudas al gobernante presidente Endara y lo llevó a acusar al Partido Demócrata Cristiano de intervenir sus comunicaciones y a expulsarlos del Gobierno.

De aquí en adelante, los servicios de seguridad del Estado se relajaron, hasta hacer el ridículo con la Cumbre de las Américas en la cual el dictador Fidel Castro acusó conocer, al arribar a nuestro país, de toda una conspiración para matarlo, con nombres y direcciones. Que todo lo que dijo se haya comprobado como cierto fue revelador de nuestra situación de seguridad.

Estos temas son muy delicados. Ojalá entendamos como sociedad que no se puede festinar con los mismos porque hay mucho en riesgo. La propia seguridad de las familias panameñas e incluso nuestra estabilidad económica depende de esto. Mucho cuidado.

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Miércoles 5 de agosto de 2026