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Escuela, dignidad y responsabilidad


Dignidad y responsabilidad definen el carácter humano del hombre, su condición de persona, a la vez individual y social: irrepetible y solidaria. Sin dignidad no hay responsabilidad y sin responsabilidad no hay dignidad. Ofendemos la dignidad del hombre al que le neguemos responsabilidad, posibilidad de responder por sí mismo y por otros. Reconocemos dignidad a quien confiamos el cuidado propio y el ajeno, como ser inteligente y libre, capaz de desempeñar papel significativo en la sociedad y en el mundo.

Para el ser activo y reflexivo que es el hombre, la empresa de su educación no termina nunca, pues se extiende tanto como intercambio creador con la naturaleza y la sociedad. El mundo y la sociedad como un todo son la única verdadera escuela del hombre; la educación formal solo tiene por objeto intensificar y catalizar, en momento y circunstancias especiales de la vida, su deseo de aprender y progresar.

El educador debe luchar contra toda forma de aislamiento, marginación, represión, dominación o enajenación del hombre individual o colectivo. No puede un educador ser indiferente a que muchos de sus estudiantes sean ausentes porque deben ayudar a sus padres a ganarse el

sustento diario, o cerrar los ojos a los impedimentos intelectuales de sus alumnos, resultado de condiciones de vida indigentes, de falta endémica de empleo del padre de familia o de la insuficiencia del salario familiar.

La escuela, y en particular la Universidad, debe ser foro en el cual el maestro plantee estas cuestiones --objetiva pero valientemente-- para ser disentidas con los estudiantes. Por el análisis conjunto de los problemas nacionales, debe contribuir a que los educandos aprecien cada vez más su propia dignidad y se preparen para asumir su propia responsabilidad en la dignificación de la patria.

La educación, especialmente desde el nivel de enseñanza media y universitaria, debe preparar un ciudadano capaz de actuar digna y responsablemente en el medio natural y social, capaz de responder activa y críticamente ante posiciones irracionales; capaz de resistir las extravagancias de la propaganda, los delirios de la demagogia, los atropellos de burocracia o los abusos del poder; capaz de ir al rescate de los recursos naturales amenazados por el lucro privado o por desidia colectiva; capaz de prever el futuro y de imponerse sacrificios a favor de generaciones venideras. La educación debe preparar una persona respetuosa de los valores que nos legaron nuestros mayores, pero dispuesta a cuestionarlos oportunamente con nuevas exigencias de perfección y justicia vitalmente sentidas.

Pedagogo, escritor, diplomático.