default

Escuela Normal sigue formando guerreros de la educación


Después de más de 60 años de haber salido de aquella basílica de enseñanzas, la profesora Justina Mock de Barría retornó a la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena de Santiago de Veraguas, su alma máter que visitó embriagada de emoción.

A través del tiempo, algunas personas que con ella se educaron en esa majestuosa Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, han fenecido.

Sin embargo, Dios que es el máximo rector de nuestra existencia, le permitió la oportunidad de regresar a observar orgullosa como ese manantial continúa aplacando la sed de aquellos que ansían beber sabiduría en sus aguas cristalinas que , a través de los años, no se han enturbiado por los acontecimientos nacionales. Justina Mock de Barría (“Tina Mock” en su época estudiantil) fue de aquellos jóvenes que en la promoción de 1943, armados de un diploma, fueron lanzados a las montañas, praderas y ciudades a combatir una lepra social llamada analfabetismo.

La misión fue parcialmente cumplida, pero como bien dicen las escrituras “la mies es mucha, pero los operarios pocos”, por lo tanto, todavía falta sembrar mucho trigo intelectual.

Está comprobado que desde su fundación en 1938, cada joven que estudia en ese plantel - como Tina Mock lo hizo - se convierte en un guerrero de la educación que enorgullecido de su misión va por el mundo extirpando ignorancias.

Regresó brevemente para encontrar una Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena robustecida, con un alumnado pletórico que entusiasmados se desplazan por sus claustros; con profesores que en el laboratorio de ideas destilan vocación; con una dirección que enciende el pebetero de las olimpiadas de la vida, que es una competencia donde la educación es la posta principal en la conquista de un mundo mejor.

Dios ha sido generoso con ella, le otorgó cosas que de niña jamás pensó y una de sus bendiciones mejor valorada, era convertirse en educadora a través de las enseñanzas que adquirió en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena de Santiago de Veraguas..

La profesora Justina se siente orgullosa de ser normalista y, comprendiendo que el universo está lleno de retos, exhortó a estudiantes, docentes y administrativos no claudicar ante los embates de la vida porque hay que seguir poniendo “la luz de la vida en el alma de la juventud” y nunca olvidar que esta es la “normal augusta, templo sagrado, fuente inefable de inspiración, faro y antorcha, sol esplendente, de nuestra patria la redención”.