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Espantosa realidad


REDACCION / PANAMA AMERICA

Nadie puede decir que está a salvo de los delincuentes y los criminales. Sería una gran mentira, tomando como referencia los casos que se están registrando en Panamá.

A las personas que se dedican a cometer actos delictivos no les importa el estatus social de sus víctimas, son capaces de disparar o herir por un dólar.

El brazo de la justicia debe ser firme contra esos maleantes y castigarlos ejemplarmente. La población tiene derecho a recibir una seguridad eficiente.

En distritos como San Miguelito, los ciudadanos viven encarcelados. No están seguros a ninguna hora del día.

Las bandas amenazan a cualquiera que se atreva a denunciarlos. Muchos han pagado con sus vidas por alertar sobre un robo o una violación, eso no puede ser admitido en un país como Panamá.

La impotencia de los ciudadanos es cada vez más grande porque no existe castigo para esos delincuentes que actúan al margen de la ley. Es un problema en el que la sociedad civil en pleno debería también pronunciarse junto a las organizaciones que trabajan para sacar a jóvenes pandilleros de las calles.

Como sociedad es urgente tomar decisiones y evaluar la educación en los hogares. ¿Realmente se está perdiendo la enseñanza de los valores y el respeto a los demás?

Panamá todavía está a tiempo de frenar la violencia en las calles e impedir que más personas sigan muriendo.

El esfuerzo debe ser conjunto, pero las autoridades deben retomar el control. Una buena estrategia sería acercarse a la población y ganar su confianza.

Las primeras fuentes de información son los propios ciudadanos que están cansados de los asaltos y los robos. El país merece tener un aparato de seguridad eficaz que acabe con el crimen.