Espionaje global
Pocas veces el mundo de la diplomacia, la seguridad estratégica y la tecnología informática muestra, como ahora, un maremágnum tan revuelto de conflictos internacionales. El choque entre los derechos otorgados a un Estado para obtener información confidencial de otros Estados en nombre de su seguridad, incluyendo la intercepción ilegal de comunicaciones públicas y privadas de otros Estados, agita el Derecho Internacional Público a un grado de turbulencia poco vista en los últimos años. Las denuncias de Edward Snowden sobre el espionaje global de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos están llevando a tensiones sin precedentes las relaciones diplomáticas aún con naciones amigas. Complica mucho más la situación el hecho de que la Ley Patriótica y fallos del Tribunal Supremo le confieren a Estados Unidos la potestad de proteger la seguridad nacional cuando se le presenten amenazas y agresiones directas. Las ilimitadas facultades otorgadas a las dependencias de seguridad tropiezan con el derecho de las naciones a la soberanía y privacidad. Sin embargo, después de las acciones terroristas de la organización trasnacional Al Qaeda y el asesinato del embajador y funcionarios en un ataque contra la sede diplomática en Libia, Estados Unidos ha montado un sistema que usa indiscriminadamente en resguardo de su seguridad; las naciones implicadas, desde su perspectiva soberana, consideran que no debe validarse la realización de actos de espionaje reñidos contra su seguridad.
La realidad geopolítica de los servicios de inteligencia de otros países exhibe crudamente que otras naciones también llevan a cabo acciones de espionaje destinadas a la penetración de información diplomática y militar. Julian Assange y Edward Snowden han tenido a su cargo destapes ilegales de información confidencial severamente sancionada por las leyes de seguridad. Durante las dos guerras mundiales, el espionaje mutuo de norteamericanos, soviéticos, japoneses y alemanes constituyó un eslabón de episodios que unos alababan y otros denigraban, según los intereses de cada sector. El espionaje sobre la bomba atómica llevó a una pareja de científicos norteamericanos comunistas a la pena capital. Recientemente Cuba llevó a prisión a un norteamericano acusado de espionaje, mientras Estados Unidos descubrió y sentenció a prisión a cinco espías cubanos infiltrados como desertores. Es un hecho conocido que agentes de inteligencia se embozan como funcionarios diplomáticos en legaciones del exterior.
Los avances tecnológicos del campo informático son usados, lamentablemente, en actos violatorios de la soberanía de las naciones, en nombre de leyes de seguridad de alcance ilimitado, o de hackers que vulneran la confidencialidad estratégica de sus propios países. Una de las preguntas cruciales es hasta dónde estas personas merecen acogerse al derecho de asilo, o si, por el contrario, debiera colaborarse en su extradición para ser juzgados con la legislación del país de origen.
El enfoque de cada Estado en la definición del concepto de la defensa nacional y la seguridad pública es materia no resuelta de manera definitiva y transparente. El Convenio de Viena no alcanza a esclarecer los puntos en los que se mezclan relaciones internacionales y seguridad militar. Se afirma que se encuentra postergada la revisión actualizada del Derecho Internacional Público a la luz de las innovaciones tecnológicas al servicio de la cooperación constructiva de todas las naciones. El combate contra el terrorismo internacional y el crimen organizado debiera unir a los Estados en convenios que no lesionen el respeto a la soberanía.