Está huyendo de la justicia
Monseñor Emiliani, ando prófugo de la justicia. Ya dieron orden de captura contra mí por un delito que (sinceramente) cometí. Confieso haber hecho un gran desfalco en la empresa donde trabajaba, y aunque intenté por todos los medios negar mi participación, las pruebas todas dicen lo contrario. Confieso que también intenté enlodar a otras personas, que aunque tuvieron cierta participación, en muy pequeña escala, no fueron como yo, autor intelectual y activo. La plata la cobré y me la gasté con una mujer, en diversiones y pago de ciertas deudas. Intenté disimular lo que pude y seguí en la empresa, pero cuando me descubrieron, lo que hice fue huir.
Estoy ahora escondido en la casa de unos familiares, muy lejos de la ciudad. Quiero también contarle que todo empezó por una mala amistad. Me enamoré de una mujer que me exigió mucho. Estaba loco por ella. Soy joven y soltero, y debo ayudar a mi madre. Toda la plata la invertía en los gustos y caprichos de esa mujer que es mayor que yo. Luego decidí hacer este robo. Esto no justifica, monseñor, mi error. Sé que hice mal, pero estaba ciego. En mi casa me formaron de otra manera, respetando los valores y buscando ser honesto. Esta mujer incluso me inició en el consumo de marihuana y algo de cocaína. No sé cómo caí en esto. Yo sé que ella anduvo con un famoso político y otros hombres de dinero. Pero se encaprichó conmigo, y yo caí en sus redes. Hace tiempo que no la veo y estoy seguro de que ya estará con otro. Me da miedo entregarme por la vergüenza al enterarse la gente y por vivir en una cárcel conviviendo con delincuentes. Debe ser horroroso estar detenido. Necesito ayuda, necesito su consejo.
Haberse metido con una mujer de mala reputación y con mucha experiencia en el arte de la seducción fue su perdición.
Respuesta
Estimado joven: Primero, le quiero pedir que se tranquilice y busque la calma en su alma. Permítame sugerirle que haga oración y practique algún método de relajación. Esto le ayudará a pensar mejor. Cuando la mente está serena, puede producir pensamientos positivos, lúcidos y claros. Segundo, vea las cosas con objetividad y no se deje llevar por lo más fácil, o por aquello que momentáneamente le dé más “placer”, pero que a la larga lo llevará a una desgracia. Ya que me consulta, le digo que es mejor entregarse. No puede andar toda la vida huyendo. ¿Quién además le va a dar trabajo así? ¿En cuántos lugares más podrá esconderse? El estrés que implica estar escondiéndose lo va a desgastar emocionalmente.
Tercero, en justicia usted cometió un delito y debe pagar a la sociedad lo que ha hecho. Le sugiero busque a los dueños de la empresa y pida perdón y confiese su culpa. Luego vaya a entregarse. Acepte que pasará varios años detenido, pero que ese será su “tiempo de gracia”. Allí seguirá estudiando, preparándose para su futuro. Tendrá su tiempo de “conversión”, de buscar más sinceramente a Dios. Así como el pueblo de Israel en el desierto encontró más al Señor y se configuró como pueblo, así usted en ese tiempo de “prueba, de purificación” podrá entablar un encuentro más profundo con Dios. Yo he trabajado mucho en cárceles y sé lo que le digo. He visto grandes cambios y superación en muchos detenidos. En el presidio se encuentran con su verdad, la asimilan, y toman conciencia de su futuro vivido en honestidad.
Cuarto, estoy seguro de que usted aprendió la lección. Haberse metido con una mujer de mala reputación y con mucha experiencia en el arte de la seducción fue su perdición. Esto debe enseñarle en el futuro a escoger bien a la que será su esposa y la madre de sus hijos. Si usted hubiera escogido mejor su novia, hoy no estaría metido en ese lío. Pero, por favor, no esté pensando mucho en: “si yo hubiera….”. Ya está hecho; ahora es cuestión de aceptar la realidad, el error que se cometió y desde allí preparar su mejor futuro. Le exhorto a ir profundizando en una auténtica espiritualidad. Esto será la base de la reconstrucción de su vida. Y podrá ayudar a otros con sus consejos, ya que aprendió una gran lección.
Yo estoy seguro de que usted tendrá un mejor futuro, es joven, tiene toda una vida por delante y con buenos principios usted superará los obstáculos que vengan. Eso sí, en comunión profunda con el Señor, porque si vive en Dios y confía en su poder y le pide iluminación en todo, con Él vencerá cualquier situación, porque con el Señor usted es invencible.