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Estacionamientos


REDACCION / PANAMA AMERICA

Una de las áreas más críticas de la capital en lo que se refiere a estacionamientos de autos privados es la que en las colinas del Cerro Ancón abarca el Ministerio de Salud, los institutos Oncológico Nacional y de Medicina Legal, la Morgue y el Palacio de Justicia Gil Ponce con la Corte Suprema de Justicia.

Quienes transitan por esa área lo hacen por razones de trabajo, porque se atienden en el Oncológico, buscan parientes en la Morgue, o acuden en busca de decisiones judiciales. Nadie circula por allí por asuntos frívolos. Pero, a pesar de la urgencia de quehaceres médicos, legales o de otra índole, los estacionamientos de la zona son ocupados durante todo el día.

Es corriente observar carros montados en las aceras, no por desprecio deliberado de las normas de tránsito, sino porque no hay un lugar disponible para estacionamiento. El drama de la carencia de estos adquiere perfiles humanos, debido a que los pacientes del Oncológico de edad adulta suben a pie la escalada cuesta que va desde las paradas de los buses en la Avenida de los Mártires hasta el nosocomio.

Sin embargo, en el área hay residentes que se oponen obstinadamente a la construcción de estacionamientos, aplicando una escala de valores dudosamente ecológica, que privilegia las especies botánicas y cierra los ojos ante el espectáculo deshumanizado de seres humanos.

Se han opuesto a la construcción de un estacionamiento financiado por el Órgano Judicial en defensa del área reservada del Cerro Ancón, con un encarnizamiento de tipo político contra el presidente de la Corte; no obstante, los magistrados y jueces no tienen problemas de estacionamiento, porque mantienen espacios reservados al lado del Órgano Legislativo.

En realidad, a quienes perjudican es a los abogados litigantes y, sobre todo, a personas comunes y corrientes, a los hombres y mujeres que caminan fatigosamente para conocer el estado de los procesos que les incumben, o para someterse a los severos rigores de la radioterapia y la quimioterapia.

Para los abogados y ciudadanos que frecuenten el Gil Ponce la situación se ha agravado, porque la Autoridad de Tránsito ha contratado a empresas privadas de grúas que remueven los carros, sin tomar en cuenta que la ausencia de estacionamientos motiva las infracciones, que le representan al usuario un gasto de más de $80, además del trauma de la conducción del carro.

A esta experiencia estresante se suma la pertinaz negligencia de los taxis que solo aceptan trasladar a los clientes a la terminal de Albrook y rechazan llevarlos a otros puntos. Como esta área de la Avenida de los Mártires es escenario complicado de obras viales, retroexcavadoras, obreros y cemento, puede afirmarse sin exageración que es uno de los peores infiernos urbanos.

El clamor es que la ATTT dé un tratamiento que no consista solamente en multas y uso de grúas implacables. Pero el problema principal es la construcción de estacionamientos que se levanten, no en zonas protegidas por la riqueza de su flora, sino en otros lugares apropiados y cercanos. Los ecologistas no deben caer en la posición extremista de preferir la subsistencia de especies botánicas a la atención de los seres humanos.

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Viernes 14 de agosto de 2026