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Estados Unidos, casi ciegos


No importaba el partido que estaba en el poder. O el presidente.

Sin distinción de color político, la embajada de Estados Unidos en Panamá siempre tuvo un grupo de políticos, empresarios, funcionarios, magistrados y personas con influencia que aceptaban dialogar y pasar información a funcionarios de ese país.

Los cables de Wikileaks dejan en evidencia toda una red de informantes que se sentaban a tomar el té en la sede de Clayton.

En el gobierno de Martín Torrijos hubo un alto funcionario –con un lugar en el Gabinete- que detalló, sin pelos en la lengua, malos manejos, inoperancias y negocios poco claros.

Todas las diferencias políticas, además, quedaban al descubierto: políticos del PRD informando sobre estrategias de otros colegas del partido, personas con cargos populares explicando diferencias y lanzando acusaciones.  Todo está escrito en los cables.

En el gobierno de Ricardo Martinelli, esa red perdió fuerza. Una de las únicas figuras que colaboró sin descanso fue el ex magistrado Adán Arnulfo Arjona, quien negó haber pasado información a la sede diplomática.

Hoy, tras hacerse público el contenido de cientos de miles de cables secretos y confidenciales, Estados Unidos enfrenta un problema de difícil solución: ya nadie se sentará a pasar información. Ya nadie colaborará sin el temor a y terminar expuesto ante los ojos de la gente o sus colegas.

Así, el país del norte pierde parte de la información esencial para diagramar su política exterior. No sólo en Panamá, sino en todos los países del globo.

Porque, si bien aquí la mayor parte de la información no era de inteligencia, en otros países sí se dejaron al descubierto informantes clave que permitían, con sus aportes, direccionar esfuerzos. Incluso, esfuerzos militares.

Ya nada será igual para la política exterior de Estados Unidos.

Hoy, están en la nebulosa. Se quedaron casi ciegos.