Esto aún no termina
La renuncia al cargo del magistrado de la Corte Suprema de Justicia, José Abel Almengor, es un acto digno de subrayar de parte de este, pero no resuelve el problema de fondo.
La salida de Almengor únicamente debe mover el escenario de investigación del presunto complot que se fraguó para sacar a Ana Matilde Gómez de la Procuraduría de la Nación.
Las denuncias deberían salir ahora de la esfera de la Asamblea Nacional, que en cumplimiento del artículo 160 de la Constitución Nacional se instaló en funciones judiciales para analizar las querellas contra Almengor, y trasladarse a la jurisdicción ordinaria, es decir, el Ministerio Público.
Resulta saludable que estas denuncias se manejen ahora bajo un criterio estrictamente jurídico y no político, como el que evidentemente impera en la Asamblea.
El archivo de la primera de las seis denuncias penales presentadas contra Almengor en la Asamblea, basado más en intereses políticos que en fundamento de Derecho, dejó un amargo sabor en la opinión pública.
Cualquier decisión que tomara el Legislativo sobre estas denuncias iba a estar empañada por la actitud poco objetiva que asumieron los diputados oficialistas y de oposición, sin mayor conocimiento del expediente.
Ahora le tocaría al Ministerio Público demostrar que en Panamá reina el imperio de la Ley y que sus miembros son capaces de llevar adelante una investigación apegada al Derecho.
Pero esa no es la única tarea pendiente, la salida de Almengor le daría una nueva oportunidad al presidente Ricardo Martinelli de nombrar en su reemplazo a una persona que no solo tenga autoridad moral, sino también los méritos académicos y la ejecutoria pública que tan alta magistratura exige.
Almengor será recordado por la opinión pública como una persona que tuvo la capacidad de desprenderse de sus intereses personalísimos; esto en el aspecto moral, en lo jurídico la justicia tendrá la última palabra.
Ojalá, otros magistrados que han sido blanco de acusaciones mucho más graves emulen esta actitud, por la salud de la deteriorada justicia.
