Esto es inadmisible
Los hechos del viernes en el Centro Penitenciario La Joya son simplemente inadmisibles. Internos de alta peligrosidad pertenecientes a diferentes pandillas protagonizaron un intenso tiroteo entre ellos y con agentes de la Policía Nacional. Un pastor evangélico muerto y 20 heridos, incluido un policía, fue el saldo de la reyerta.
Armas calibre 38 y 9 milímetros estaban en manos de delincuentes que, supuestamente, están recluidos en un penal de máxima seguridad, pagando una condena y alejados de cualquier posibilidad de seguir haciéndole daño a la sociedad.
Sin embargo, no es así. Los delincuentes criollos, al mejor estilo del capo colombiano Pablo Escobar, encuentran en estos penales el lugar propicio para seguir con sus actividades delictivas.
Las cárceles panameñas son una verdadera vergüenza. En ellas, cual mercado persa, se pueden encontrar celulares de última generación, drogas, armas de fuego, televisores plasma, equipos de sonido, celdas de lujo y hasta prostitutas. Todo esto ante la mirada cómplice de autoridades y custodios.
Todo es posible en centros penitenciarios en donde la corrupción galopa. El dinero es la llave que abre cualquier puerta en estas prisiones. Y para que esto ocurra tiene necesariamente que pasar frente a las narices de quienes controlan todo lo que entra y sale: custodios y policías.
Por eso causa una profunda decepción escuchar, por enésima vez, a nuestras autoridades decir que investigarán cómo las armas llegaron a manos de estos criminales. Esta frase ya la hemos escuchado antes y pocos han sido los resultados obtenidos.
Nuestro sistema carcelario colapsó hace mucho tiempo y la corrupción fluye de forma natural. Está demostrado que los controles internos no funcionan, porque todo el sistema está corroido.
La forma más eficaz de frenar esta situación es instalando en los penales a funcionarios que estén fuera del sistema y que tengan manos libres para fiscalizar todo lo que ocurre allí. Estos a su vez serían fiscalizados por unas ONG vinculadas al tema carcelario.
