Estorbos humanos
No podemos, bajo ninguna circunstancia, acostumbrarnos o ser indiferentes a la sangre violentamente derramada o frente a aquellas vidas que han sido cercenadas por congéneres que han hecho del crimen su modus vivendi, el negocio del cual viven. No puedo, en ese sentido, como ya lo hemos denunciado en otras ocasiones -caso de la muerte violenta del Lic. Javier Justiniani- y que, al parecer, ya nadie recuerda-, silenciar nuestra voz por la muerte del Pastor Herminio Rivera quien, como era harto conocido, se había convertido en un adalid en la formación espiritual de cientos de jóvenes de El Chorrillo, en ciudad de Panamá.
!Vaya hermosa tarea que desempeñaba este guía espiritual!: rescatar a las almas del pecado y llevarlas a los pies del Salvador Jesucristo. Se hicieron públicas aquellas vidas que confesaban haber dejado las armas y emplear ahora la Biblia para combatir el mal, previo a ello desertando de las huestes y bandas forajidas que siembran en nuestro suelo luto, dolor y muerte. No podemos acostumbrarnos a la idea de que el crimen es algo normal, natural, en nuestra sociedad y con ello hacernos seres indiferentes o impasibles ante la ola de homicidios, hurtos, robos y demás que se vienen sucediendo en nuestra Patria suelo, provenga de donde provengan sus autores.
Tenemos que actuar, desde los sectores gubernamentales hasta los entes de la sociedad civil, enérgicamente. También hemos dicho que es una obligación de los panameños y de cuantos moran en este país. No se trata de vivir cómodamente entre tanto el crimen sigue dando pasos agigantados y quitándonos a quienes ejercen o desenvuelven bellas y gratas misiones en este territorio: unos que predican y llevan la Palabra de Dios: otros que realizan labores humanitarias en los hospitales, en las poblaciones pobres y apartadas: otros que se ocupan de niños abandonados y huérfanos, de ancianos en estado de abandono, en fin.
Hay que decir algo, cada cual tiene y debe decir algo: así tan solo sea para gritar o protestar por lo que acontece en este suelo. La vida de nadie ya está segura en este país. Sabemos que amanecemos, pero no sabemos si llegaremos al atardecer porque de pronto sale una bala que no tiene nuestro nombre y tampoco nos lo pregunta, pero que nos roba la vida, nos la quita y sin posibilidad alguna de retorno, al menos en este mundo. Y cada día habrán más muertes, más traumados, más entristecidos, menos líderes, menos hombres y mujeres que se ocupen de las cosas que valen: predicar el bien, hacer el bien, llevar el bien a los pobres y desvalidos. Toda conjetura, respecto a los casos que se vienen dando, similar al caso de Justiniani y de Herminio, no puede anidar en las mentes de personas pensantes con la clásica idea de que "En que andaría?". Entiéndase, por favor, que al crimen y a los amigos del crimen, simple y sencillamente, gente como el Pastor Herminio y otros, les son un "verdadero estorbo" a sus planes y programas de muerte. ¡Reflexionemos!
