Estrategia económica y derechos humanos
Una estrategia alternativa, guiada a superar el carácter concentrante y excluyente del actual estilo de desarrollo, debe partir del reconocimiento explícito de que su finalidad es el desarrollo humano sostenible. Esta buscaría, consecuentemente, avanzar en la construcción de las bases materiales y distributivas que aseguren las condiciones sociales y ambientales que permitan el pleno desenvolvimiento de todas las capacidades y potenciales de cada uno de los hombres y mujeres de nuestra nación. Para esto se tendrá que lograr la plena satisfacción de las necesidades fundamentales de toda la población, en un marco que también propicie la efectiva organización y participación de la misma en todas las esferas de la vida social, entendiendo que los seres humanos se transforman y enriquecen a si mismos por medio de su propia acción social. Fundamental para este enfoque, es el principio de acuerdo al cual el desarrollo humano solo es posible en base a una relación de respeto hacia el medio ambiente natural, lo que significa establecer un metabolismo sostenible entre la sociedad y la naturaleza. En este marco se evidencia que la visión de la estrategia alternativa coincide con el enfoque de la defensa y ejercicio de derechos humanos, tanto de los que se refieren a los aspectos políticos y cívicos como de aquellos vinculados a la esfera económica, social, cultural y ambiental.
Desde este punto de vista se entiende que las personas son titulares del conjunto de estos derechos, los cuales son, por tanto, exigibles y representan una obligación de la sociedad y el Estado. En este marco las políticas públicas dejan de tener un carácter asistencial y discrecional convirtiéndose en un mecanismo participativo destinado a asegurar las obligaciones del Estado y la sociedad para con la población, la que debe tener el papel protagónico de todo el proceso. Se trata, además, de un enfoque que al poner la defensa de la vida en primera línea, permite establecer el objetivo del desarrollo y evitar la confusión entre los fines y los medios. Es así que si bien es cierto que se entiende que el desarrollo económico, que no debe confundirse con el crecimiento económico que destruye la naturaleza, es parte de cualquier estrategia de progreso, también se tiene claro que el mismo no es un fin en si mismo, sino un instrumento para alcanzar los fines humanos fundamentales antes señalados. Se evita así el error del fundamentalismo de mercado practicado por el actual gobierno, el cual no solo propone políticas que reprimen el pleno desarrollo de la vida, sino que, además, convierten al lucro desmedido e ilimitado en el fin único, definitivo y absoluto de toda la política económica. Frente a esto quienes nos movilizamos en la búsqueda de una estrategia alternativa no debemos olvidar las palabras de Martin Luther King Jr., quien afirmó que “todo hombre deberá decidir si camina a la luz del altruismo creativo o en la obscuridad del egoísmo destructivo”. (jovajun@yahoo.com).
